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martes, 8 de enero de 2019

¿CÓMO LO CONSIGO?


Acaba de comenzar el año, y es muy común que intentemos mejorar nuestra vida. Nos proponemos hacer más deporte, comer mejor, ir a clases... Pero puede ser complicado llegar a lograrlo. Muchos propósitos se quedan sin cumplir. A veces es porque nuestra meta no era realista, como cuando nos proponemos hacer deporte todos los días, pero estamos demasiado cansados, y lo dejamos. Otras veces, nos pasa por falta de motivación, porque, aunque nos lo hayamos propuesto porque pensamos que es bueno para nosotros, realmente, no nos aporta satisfacción, no tenemos ganas, y sin motivación, no hacemos nada. Y otras veces es por falta de tiempo, porque las obligaciones que ya tenemos nos ocupan por completo el día y no logramos encontrar el hueco para cumplirlo. A veces, también ocurre que empezamos el año poniendo en práctica nuestro objetivo, pero con el paso de los días o los meses, lo abandonamos. 

Cuando nos proponemos lograr algo que requiere tiempo y esfuerzo, es recomendable incluirlo dentro de nuestra rutina diaria, porque eso nos ayuda a comenzar la tarea, y a no abandonarla. Nos acostumbramos a hacer algo, que a la larga, nos va a ir generando satisfacción, y eso nos ayuda a cumplir nuestro propósito del nuevo año. 

Pero, ¿cómo se generan las rutinas? De una forma sencilla, aunque no lo parezca: haciéndolo todos los días. Aquí van unos consejos que os pueden ayudar a conseguir introducir vuestra nueva tarea en vuestro día a día:

- Hay que buscar un sitio y una hora concreta. Siempre debe ser el mismo, para que no se convierta en un problema dónde o cuándo hacemos la actividad.

- Hay que mantenerlo en el tiempo. Para que se genere una rutina no es completamente necesario que se realice todos los días (podemos hacer deporte dos días a la semana, por ejemplo), pero sí es necesario que la frecuencia que hayamos elegido la mantengamos a lo largo de las semanas y los meses. Cuanto más tiempo lo consigamos, mas fácil nos será mantenerlo en el futuro.

- Hay que hacer un plan realista. Para que podamos generar un rutina, la actividad tiene que poder llevarse a cabo. Si no soy capaz de salir a correr todos los días, no tendré ninguna rutina. Tendré que valorar si es mejor empezar a hacerlo, por ejemplo, dos veces por semana. Es mejor reducir el tiempo de la tarea, que abandonarla por no tener tiempo suficiente. Igual que es necesario que el sitio y lugar que hayamos elegido sea viable, es decir, que tenga espacio suficiente, que pueda llegar bien (por ejemplo, que el gimnasio esté cerca de casa o del trabajo), que realmente cuente con tiempo para hacerlo (si por ejemplo, tengo una hora para comer, es difícil que me de tiempo a hacer ejercicio, ducharme y comer, para después volver a mis otras tareas), etc.

- Hay que evitar lo que nos dificulta la tarea. Cualquier impedimento o dificultad nos aleja del objetivo, por lo que facilitar la actividad me ayuda a generar una rutina. Por ejemplo, si no tenemos tiempo de preparar la ropa de deporte antes de ir al trabajo, quizá nos sea más cómodo prepararla la noche anterior, así sólo tendremos que coger la bolsa antes de salir.

- Ser conscientes de lo que estamos logrando. Cuando algo nos cuesta esfuerzo, y aún así lo hacemos, y somos conscientes de la satisfacción que nos genera el haberlo hecho en cada ocasión, nos ayuda a tener ganas de seguir al siguiente día. Podemos sentirnos bien por haber logrado aguantar una hora corriendo, por lo relajados que nos sentimos leyendo (aunque tengamos otras tareas que hacer), por lo que estamos mejorando con las clases... Lo que importa es que sepamos valorar las cosas buenas que nos está generando esa nueva meta, y así, aumentará nuestra motivación y ganas de seguir adelante con nuestro propósito.

lunes, 8 de mayo de 2017

NO TE RINDAS


Todos pasamos por momentos difíciles en algún punto de nuestra vida (problemas en el trabajo o con los estudios, problemas familiares, fallecimientos de seres queridos...), y por muy preparados que estemos para afrontarlos, a veces, nos quedamos paralizados. Por el miedo, por el dolor, por la desesperanza... A veces, cuesta hasta aceptar lo que nos ha pasado, aceptar el dolor que tenemos dentro. Y eso, nos frustra, hace que nos duela más todavía. Otras veces, sufrimos por no aceptarnos a nosotros mismos, porque hay algo en nosotros que no es lo "suficientemente bueno". O porque sentimos que vivimos en un mundo aleatorio, en el que en cualquier momento puede pasarnos algo malo, y que nosotros no tendremos control sobre ello...

¡Hay tanto dolor! ¡Tanto por lo que sufrir! Pero no nos damos cuenta de una cosa: no existe vida sin sufrimiento. No hay nadie que no haya sufrido nunca, ni lo habrá. Pero no todo es negro. Hay muchas razones que hacen que la vida sea hermosa. Y en esos momentos de dolor, cuando esto se nos olvida, nos puede ayudar leer un poema muy motivador...

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
– Mario Benedetti

Este poema nos recuerda que siempre sigue habiendo razones. Eso de "si hay vida, hay esperanza". Si sigues adelante, sigues teniendo oportunidades. Pero, además, nos dice cómo hacerlo: aceptarnos a nosotros mismos, olvidarnos de nuestros miedos, quitarnos aquello que no nos deja avanzar... y volar
Nos enseña cómo es la vida. No es sencilla. Nuestros sueños no van a cumplirse solos. Y vamos a ser nosotros los que busquemos solución a los problemas que nos surjan. Y que tendremos que afrontarlos aunque cueste, porque si estamos vivos, todavía tenemos fuerza dentro de nosotros, todavía podremos enfrentar lo que nos llegue. 
Nos recuerda que aunque no podamos controlar todo lo que nos ocurre, sí tenemos opción de cambiar muchas cosas en nuestra vida. Sólo hace falta desear.
Nos recuerda, también, la fuerza del amor, la motivación que nos da el sentirnos queridos y acompañados en la vida. El amor es una de las grandes fuerzas motivacionales que existen.
Nos habla de la paciencia. De darnos tiempo a nosotros mismos para que el dolor disminuya. El tiempo es muy necesario para que se acepte lo que ha pasado, el dolor que eso nos provoca, y podamos enfrentarnos al problema, o bien, aprender a vivir con las nuevas circunstancias que nos sobrevienen. Y cuando haya pasado ese tiempo, estaremos listos para entregarnos de nuevo a la vida, para experimentarla, para avanzar, para conocer, para disfrutar, para intentar...

Para cualquier cambio que nos lleve a avanzar, es necesario estar motivados. Si nos falta la motivación, podemos buscarla.

lunes, 6 de marzo de 2017

EL PODER DE LA DEPRESIÓN


Hace tiempo, vi este cortometraje que hoy quiero compartir. Ilustra muy bien un problema muy común que nos puede pasar a cualquiera, en algún momento, a lo largo de nuestra vida: la depresión.


Hay personas que confunden la depresión con la vagancia, con la tristeza... Piensan que es una excusa para no ir a trabajar, que no es para tanto, que ellos también tienen problemas y siguen adelante... Estas personas no entienden el calado de la depresión en la vida de una persona. La depresión no es "una simple tristeza", es la tristeza multiplicada por 1000.

Como se ve en el vídeo, la depresión puede surgir por un problema cualquiera. A veces es más pequeño, otras, más grande. El caso es que, ese estado de malestar, nos quita las ganas de hacer aquellas cosas que nos gustan, que nos apasionan. Nos aleja de aquello que nos hace sentirnos bien (por ejemplo, tocar un instrumento). Y como nos vamos alejando de aquello que nos hace felices, cada vez estamos más desanimados. Cada vez tenemos menos ganas. Dormimos peor, nos alimentamos peor. El cuerpo no tiene fuerzas para enfrentarse a la vida diaria. Y como se hacen menos cosas, tenemos más tiempo para pensar. El problema es que pensando, sólo hacemos más grande el problema, entramos más en él. Es como adentrarse más y más en una cueva cada vez más oscura. Hasta que llega el momento en el que nos giramos, y no vemos nada, no sabemos dónde estamos, y mucho menos, cómo podemos salir de ahí.

Además, ese horrible estado está siempre presente. No se desvanece temporalmente. SIEMPRE está ahí, día tras día. Por eso, algunas personas intentan evadirse de él consumiendo alcohol y/o drogas. Pero esto no hace más que aumentar los problemas de la persona a largo plazo.

La depresión afecta a todos los aspectos de la vida de la persona, porque está siempre presente. Afecta en la vida social, porque la persona se retrae, deja de salir, deja de hablar con los demás... Afecta en su trabajo, porque no está pendiente de lo que hace, porque está cansado y no rinde... Hace que la persona se abandone (deja de cuidarse, de preocuparse por su aspecto, de preocuparse por sí mismo). Él/ella sólo pueden pensar en lo horrible que es su vida, en lo terrible de lo que les ha pasado... Se obsesionan con ello y no pueden pensar en nada más... Como cuando Floyd se aferra una y otra vez al anillo que había comprado, y su problema crece, y crece, y crece, y lo desborda todo.

Por todo esto es tan dura la depresión. Pero se puede salir de ella, encontrando un motivo, algo que nos vaya devolviendo poco a poco la confianza en la vida, en nosotros mismos. Ese instrumento que nos haga sentir tranquilidad, bienestar, que nos haga sonreír. Y agarrarnos a ello. Nuestra salvación puede ser una afición (leer, bailar, hacer deporte, pintar, escribir...), una mano amiga, un animal, cumplir nuestros valores (por ejemplo, hacer voluntariado, cuidar de alguien, lograr nuestros objetivos, ser honestos)... Cuanto más rica sea nuestra vida (es decir, cuantas más actividades realicemos, más personas tengamos cerca, que nos hagan sentir bien), más fuertes seremos ante la depresión, porque tendremos más cosas a las que agarrarnos para no perdernos en la cueva.

Si te sientes mal, no te quedes en casa. Sal, baila, canta, habla, cocina, lee, escucha, juega, abraza, corre, besa... No dejes que crezca la tristeza en ti. Y si no puedes hacerlo solo, busca ayuda. Todas las cuevas tienen salida, sólo hay que encontrarla.

domingo, 16 de octubre de 2016

CUANDO TE DICEN "NO PUEDES"

A todos nos ha ocurrido alguna vez que alguien nos ha dicho que no podríamos lograr algo. Todos tenemos sueños, metas, ilusiones que alcanzar, pero, a veces, tenemos miedo de compartirlas con los demás por esa frase que convierte nuestras metas en humo: "no lo vas a lograr" o "eso es imposible/muy difícil". Cuando nos dicen esto, empezamos a dudar, desconfiamos de nosotros, y de la viabilidad de nuestro proyecto. Y la duda puede ser esa grieta que va creciendo lentamente hasta convertirlo todo en pedazos.

Estamos acostumbrados a creernos lo que los demás nos dicen. Crecemos oyendo que somos buenos en algunas cosas... pero, generalmente, nos dicen más veces aquello que se nos da mal. Si algo se nos dio mal la primera vez y nos lo dijeron, la siguiente vez creeremos que ocurrirá lo mismo, y lo haremos con miedo, lo que no nos ayuda a mejorar. 

Si en el colegio se nos daba bien plástica, pero mal inglés, nos apuntaban a clases de inglés, pero no a pintura. Y, a la larga, terminamos pensando que aquello que se nos da mal no podremos mejorarlo nunca. Si nos cuesta el inglés de pequeños, aprendemos a que no nos guste. Porque no es, simplemente, algo más que hacemos en el colegio, es eso que tenemos que ir a hacer después del colegio, y que se nos da mal, y que nos cuesta, y se convierte en una obligación, en algo que no nos aporta nada positivo, pero por lo que tenemos que esforzarnos a diario. Perdemos toda motivación y rendimos menos. Y así, aprendemos que hay cosas en la vida imposibles para nosotros. 

Aprendemos que no tenemos ciertas habilidades, y lo convertimos en alguno interno, algo propio de nosotros mismos: pensamos que somos torpes, mediocres, simples... y que no podemos cambiarlo. Así, cuando tenemos que enfrentarnos a nuevos retos en nuestra vida, pensamos en esas limitaciones que tenemos: "soy tímido... no se me va a dar bien la entrevista..."; "quiero empezar un negocio... pero soy un negado para las cuentas...". Nosotros mismos nos cortamos las alas, creamos muros altísimos ante nosotros que creemos que no podemos superar, pero ni siquiera nos acercamos para ver si podemos treparlos o no. Y no nos damos ni cuenta de que quizá podemos pasar esos muros de otra forma...

Todos tenemos habilidades. Todos somos buenos en algo. Pero generalmente, nos olvidamos de ello. Quizá no se nos den bien las cuentas, pero podemos buscar a alguien que nos explique o nos ayude con ello. Quizá seamos tímidos, pero podemos tener un buen curriculum/experiencia que nos avale en la entrevista. Y lo más importante de todo: tenemos MOTIVACIÓN. No hay nada que nos haga crecer tanto como el tener ganas de lograr algo. Por mucho que tengamos que trepar, por mucho que nos duelan las yemas de los dedos o se nos cansen los brazos, o nos caigamos, si estamos motivados: llegaremos. No importa caerse, y mucho menos cuántas veces pase eso. Podemos seguir intentándolo, y lo conseguiremos. Cada vez que nos caigamos, será una lección de algo que no debemos hacer la próxima vez. Nos ayudará a hacernos más fuertes y experimentados, y el siguiente intento, será mejor. Y es que hay algo que no sabemos: podemos cambiar. No somos personas iguales a lo largo de toda nuestra vida... si no que aprendemos, crecemos, nos adaptamos y adquirimos nuevos comportamientos... formas de pensar... Pero no nos damos cuenta de ello. Cambiamos despacio, y no percibimos esos cambios. Por eso pensamos que no podemos cambiar. Pero todos cambiamos, cambia nuestro cuerpo y cambia nuestro cerebro.

Y otra cosa que nos suele echar para atrás es el compararnos con los demás. Crecemos viendo cómo nuestros compañeros sacan mejores notas sin esfuerzo. Vemos a familiares chulear de lo buenos que son sus hijos. Nuestros padres nos comparan con nuestros hermanos o primos. Y aprendemos que hay cosas que hacemos mal porque otros las hacen mejor. El que algo nos cueste más que a los demás no quiere decir que seamos peores que ellos, sólo demuestra que nosotros somos fuertes y valientes, porque seguimos intentándolo. El que algo sea difícil y se intente, demuestra motivación, tenacidad, valor. Es tomar el camino largo pero el que más nos puede llenar y hacer rica nuestra experiencia. No nos quedemos en el camino fácil por miedo, porque cuando lleguemos al final, nos acordaremos de ese otro camino que podíamos haber tomado.

Si quieres hacer algo: hazlo. No preguntes. No dudes. No te rindas sin empezar. Anda, lucha y pide ayuda si lo necesitas. Es la única forma de llegar a donde queremos. Nadie andará por ti. Sólo tú puedes lograr tus sueños.