Mostrando entradas con la etiqueta Tristeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tristeza. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de marzo de 2020

10 PAUTAS ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO POR EL CORONAVIRUS


La pérdida de un ser querido siempre es un momento muy doloroso, en el que tenemos que aceptar una nueva realidad, una nueva vida sin la presencia de esa persona. Pero, actualmente, las condiciones por las que estamos pasando a causa del virus, hacen aún más difícil pasar por este proceso. Uno de esos motivos es la distancia a la que estamos obligados para evitar el contagio, ya que no nos permite acompañar al enfermo, ni nos permite realizar una despedida junto con la familia. Esto nos puede hacer sentir emociones muy intensas, que nos generen gran malestar: frustración, tristeza y culpa por no poder estar con el familiar, rabia, etc. Pero ¿qué podemos hacer ante esta situación? 

El dolor es inevitable, y tampoco podemos cambiar lo ocurrido o la situación por el virus. Sin embargo, podemos tener en cuenta algunas pautas que nos pueden ayudar a sobrellevarlo:

1. Aceptar nuestro dolor y el de los demás: cuando intentamos no sufrir, podemos provocarnos más dolor aún, que se une al de la pérdida. Así, en muchas ocasiones, pensamos que expresar nuestro dolor provoca más sufrimiento a los demás, e intentamos reprimirlo. Otras veces, somos nosotros quienes les decimos a los demás cosas como "no llores", "hay que seguir adelante", etc, en vez de dejarles expresarse. Sin embargo, nuestra tristeza, el dolor que sentimos, las lágrimas, nos mueven, nos ayudan a aceptar y a asimilar lo que ha pasado, y nos acercan a los demás, promoviendo el apoyo entre las personas, que es un gran alivio del dolor.

2. Entender que cada persona es un  mundo: cada uno vive la pérdida de una forma distinta, necesita un tiempo diferente para recomponerse, o expresa su dolor de distintas maneras. Habrá personas que se sientan más cómodas llorando en soledad, habrá otras que quieran hablar de lo ocurrido constantemente... Por eso es importante respetar cómo lo vive cada uno de nuestros seres queridos y no intentar forzarlos a hacerlo de otra forma, más aún al pasar tanto tiempo juntos en el mismo domicilio.

3. Tener en cuenta a los niños: cuando hay niños pequeños en la familia, en ocasiones, se tiende a evitar que tengan contacto con lo ocurrido, que vean a sus padres llorar, que vayan al tanatorio, etc. Sin embargo, hasta los niños más pequeños notan que algo ha pasado, aunque no se les diga nada. Ellos son capaces de percibir los estados emocionales negativos de las personas que les rodean, posibles cambios en las rutinas, etc. Por ello, es recomendable darle una explicación sencilla y adaptada a su edad, de lo que ha pasado. Explicarles cómo nos sentimos, y cómo van a cambiar algunas rutinas debido al fallecimiento, puede ayudarles a entender y afrontar mejor la situación.

4. Exprésate como quieras: es importante ventilar lo que sentimos, pero, a veces, no es fácil, porque tenemos emociones tan fuertes que nos abruman, e intentamos frenarlas. Hay que dejar salir la emoción. Para ello, piensa cómo te sería más fácil. Puedes hablar de lo ocurrido con algún familiar, o a lo mejor te es más sencillo hacerlo con un amigo ajeno a la pérdida, o incluso, con alguien con quien no tengas una relación personal. Siempre habrá alguien dispuesto a escucharte. También puede ayudarte escribir cómo te sientes o sobre algún recuerdo bonito que tengas de esa persona. Quizás escuchar música, cantar, tocar algún instrumento, pintar, hacer garabatos... Cualquier actividad que te permita sacar la tristeza, la frustración, la culpa... es un buen recurso.

5. Despídete: aunque no sea posible hacer un velatorio, funeral, etc, puedes organizar una despedida desde el domicilio. Reunid fotografías, vídeos, poned velas, música que le gustara al familiar fallecido. Podéis hacer videollamadas para que otros familiares puedan acompañaros en ese momento. Dedicad el tiempo que necesitéis, sin interrupciones, para decir unas palabras, rememorar momentos, etc. Después, podéis recoger esos objetos o apartarlos en algún rincón del domicilio, para dejar el espacio necesario libre, en la estancia, para seguir con la rutina.

6. Aceptar la situación que estamos viviendo: ser conscientes de las dificultades que vivimos en la actualidad por el virus nos puede ayudar a entender lo ocurrido y cómo nos sentimos. Si no estuvimos con nuestro ser querido en sus últimos momentos fue por obligación, por evitar nuestro contagio y el de otras personas, y eso, también lo sabía la persona fallecida. De igual forma, si no podemos acompañar en el duelo a nuestros familiares con besos y abrazos, sabemos que podemos llamarlos o contactar con ellos por redes sociales, hacer videollamadas, etc.

7. Busca actividades que te hagan sentir bien: primero, piensa en las cosas que dan valor a tu vida (por ejemplo, pasar tiempo con tus seres queridos, tu vocación, ayudar a otras personas, cuidarte...). Después, piensa cómo puedes llevarlas a la práctica, según las limitaciones que hay actualmente (por ejemplo, jugar o enseñar cosas a los niños de la casa, hacerle la compra a la vecina que necesita ayuda, estudiar, compartir conocimientos o habilidades a través de redes sociales, bailar, hacer yoga...). Y piensa en cuánto tiempo necesitas para ello, y cuánto tiempo puedes dedicarle, realmente. Planteate unas metas realistas, según tus recursos, tus habilidades o capacidades, y las 24 horas que tiene cada día. Luego, ponte manos a la obra.

8. Planifica una rutina: dedica un tiempo a elaborar un horario, donde incluyas las tareas del hogar, la higiene, el trabajo, el ocio, el cuidado de familiares... Piensa a qué hora vas a acostarte y levantarte, para dormir las horas necesarias; y cuánto tiempo van a requerir las actividades que vas a hacer a lo largo del día. Llevar una rutina nos ayuda a normalizar la situación de pasar el día dentro del hogar, y nos ayuda a mantenernos activos y evitar el aburrimiento y el desánimo.

9. Cuídate: hay mil formas de hacerlo, desde dedicar más tiempo a cocinar o hacer recetas saludables, dormir las horas necesarias, o hacer algo de ejercicio físico; hasta darse un baño relajante, leer una novela o darse un masaje en los pies. Recuerda lo importarte que eres para ti. El tiempo que te dediques te hará sentir bien y estar más animado para enfrentarte a esta situación.

10. Permítete sonreír de nuevo.



Fuente: "Guía de apoyo psicológico a personas que han perdido a un familiar consecuencia del Coronavirus", del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

martes, 12 de septiembre de 2017

EL SUICIDIO EXISTE


Hace relativamente poco, sacaron una serie de televisión en la que la trama parte del suicidio de una chica adolescente. Se ha hablado mucho de la serie, en el sentido de lo dura y violenta que puede resultar, o si puede hacer que adolescentes que puedan estar planteándose acabar con sus vidas, finalmente, lo hagan.

Obviamente, para una persona que está sufriendo, viviendo acoso, violencia, abandono, rechazo... ver, de forma tan explícita (aunque sea ficción) el mismo sufrimiento que vive a diario, únicamente va a hacer que lo reviva, y se hunda más. Pero el hecho de que no lo vea, tampoco va a hacer que su situación mejore. De hecho, esas personas necesitan ayuda de los demás, y para que los demás ayuden, tienen que ser conscientes de ello, de la importancia de lo que hacen... y de lo que no hacen... de lo que pueden... y no pueden hacer.

Hacer una serie, un libro, un documental, una obra de teatro... lo que hace es concienciar a la población de que ese problema existe. Es algo primordial para poder enfrentar este problema que afecta a tantas personas en el mundo. Pero ¿cómo aprender sobre un tema tabú, sobre algo de lo que no se quiere hablar? Parece, creemos, que si hablamos de suicidio... le estamos dando malas ideas a personas que se encuentran mal. ¿Acaso no se nos ocurre a cualquiera la idea de querer desaparecer ante un problema que creemos que no tiene solución? El suicidio ya está ahí. No es una idea que no se le haya ocurrido al otro... La diferencia entre plantearse hacerlo o no depende, simplemente, de los motivos que tenga para vivir, de las aficiones de esa persona, de las esperanzas que tenga de una vida mejor, del cariño y apoyo que sienta de las personas que estén a su alrededor...

Como en todo tema tabú, el desconocimiento hace que surjan mitos sobre cómo es, cómo surge, etc. Estos mitos hacen que se desconozca más todavía cómo es. Por eso, vamos a ver algunos mitos sobre el suicidio.

El que amenaza con suicidarse no lo hace: El 80% de los pacientes que se han suicidado han expresado sus ideas de suicidio. Cualquier amenaza de suicidio debe ser tomada en serio. No olvidemos que es la vida de una persona lo que está en juego. Si alguien te habla sobre esto, aunque tengas miedo, aunque no quieras oírlo, escúchale, y ofrécele tu apoyo. Seguramente no estés capacitado para encargarte tú sólo de ayudarlo, por eso, siempre, busca ayuda profesional.

Tras una tentativa de suicidio y la posterior mejoría, ya no hay riesgo, no lo vuelve a intentar.  Algunos expertos hablan de que los 90 días posteriores al intento son los más peligrosos. El hecho de que la persona no consiga morir en intento (porque se asusta, algo del plan sale mal, o alguna persona consigue frenarlo), y después, parezca que está mejor, no quiere decir que no lo vuelva a intentar. Puede recaer,o puede que simplemente esté más tranquilo, porque ya haya decidido una mejor forma de hacerlo. Por eso, no debemos bajar la guardia. Es preciso que el apoyo emocional se mantenga en el tiempo.

Si se compromete a no suicidarse, no lo va a hacer: hacer un "pacto de no suicidio" no es ninguna garantía de que no se vaya a suicidar (puede cambiar de opinión, puede haber mentido al comprometerse o, simplemente, dejarse llevar por un impulso y cometer el suicidio).

Sólo los enfermos mentales tratan de suicidarse. No es cierto. Una persona, por el hecho de tener un problema psicológico, no tiene porqué intentar suicidarse. Al igual que una persona "sana" (sin problemas psicológicos) puede hacerlo (por ejemplo, por un impulso ante un problema desbordante, puede acabar en tragedia).

• Preguntar por las ideas de suicidio incrementa el riesgo de suicidio: No hay evidencia de que preguntar directamente por ideas de suicidio aumente el riesgo en los que ya lo tienen, o dé ideas en los que no las tienen. Lo más probable es que la persona se sienta reconfortada por poder hablar de estos pensamientos. Además, preguntar es la única herramienta para poder saber la peligrosidad del intento.

La conducta suicida se hereda: es más cuestión de los condicionantes socioeducativos, es decir, de cultura, de educación, de forma de vivir, de los recursos que haya aprendido la persona para enfrentarse a los problemas (cosas que se aprenden en la familia y el hogar durante la infancia).

El suicidio es impulsivo. Aunque la ejecución así sea, la ideación no lo es. Es decir, el hecho de planear cómo, cuándo, dónde... no es nada impulsivo. Es una acto muy reflexivo. Pero tiene que haber cierta impulsividad para llevarlo a cabo, porque en el fondo, nadie quiere morir.

Los que se suicidan es porque realmente desean morir. No es cierto. ¿Conoces a alguien que no quiera ser feliz? Todo el mundo quiere vivir y disfrutar de los placeres de la vida, sean más o menos grandes, importantes, cotidianos... Las personas que desean morir... no desean morir, desean dejar de sufrir.

La mayoría de los suicidas no avisa. No es cierto, hay signos directos o indirectos, verbales o comportamentales. Por ejemplo: hay casos en los que expresan sus ideas suicidas directamente, o expresan su deseo de dejar de sufrir... O empiezan a aislarse, dejan de hacer las actividades de las que antes disfrutaban, todo parece darles igual... O, de repente, quieren hablar o hacer regalos a sus seres queridos (se están despidiendo porque han tomado la decisión). O siempre se les ve muy deprimidos, quejándose, llorando, intentando buscar ayuda y, de repente, parecen calmados y tranquilos (es porque piensan que van dejar de sufrir, porque ya han tomado la decisión).

Los intentos de suicidio aparecen en las personas con problemas graves. Lo importante no es la gravedad del problema, sino la sensación de escasez de recursos para poder hacer frente a la situación, la desesperanza ante ese futuro horrible que se cierne sobre ellos...


Os dejo un documental que habla sobre el suicidio, por si queréis saber más sobre el tema.




martes, 29 de agosto de 2017

YO Y MIS EMOCIONES


Al igual que con el pensamiento, debemos darnos cuenta de que nosotros mismos y nuestras emociones son cosas distintas. Las emociones están dentro de nosotros y nos ayudan a enfrentarnos al mundo, porque nos indican si las cosas van bien o no. por ejemplo, cuando sentimos miedo, es porque tenemos algún problema (o pensamos que lo tenemos), y no sabemos cómo enfrentarlo, nos sentimos indefensos y nos centramos en eso horrible que puede ocurrir... El miedo nos paraliza. Entonces, ¿cómo nos ayuda el miedo? Nos puede ayudar porque nos hace buscar la compañía y la ayuda de las personas que nos rodean, al igual que la tristeza. La tristeza suele parecernos una emoción mala y que hay que evitar a toda costa, porque es lo contrario a la alegría... y todo el mundo quiere estar alegre siempre. La tristeza duele, pero nos ayuda porque nos hace afrontar aquello que no queríamos que pasara, nos ayuda a aceptar la pérdida de esperanzas, de personas queridas, de ilusiones, de momentos vividos... La tristeza nos ayuda a sacar el dolor. Entonces, ¿por qué pensamos que es la tristeza la que nos duele? La tristeza es como el alcohol que aplicamos con cuidado en nuestras heridas para que no se infecten. Duele, pero sabemos que es mejor hacerlo para que la herida cure bien y pronto, porque si no, podría infectarse. Sin embargo, no nos damos cuenta de la función que tiene, y de lo sano que nos resulta sentirla de vez en cuanto, para poder limpiar el alma y seguir adelante.



Si embargo, tendemos a pensar que todas las emociones negativas son malas para nosotros, porque en un primer momento, nos hacen sentir mal o incómodos, pero a largo plazo, suponen un bien mayor para nosotros. Pero, al darle ese valor negativo, al rechazarlas, al intentar evitarlas constantemente, lo único que conseguimos es que nos parezcan más horribles y dolorosas de lo que realmente son. Al intentar evitarlas, nos quedamos enganchados en el malestar. Es como un niño al que le dan miedo las tormentas, siempre pensará que son más oscuras, ruidosas y largas de lo que realmente son, y por eso, lo pasará peor. Cuando ese niño crece, puede aprender que las tormentas son algo natural, que no suponen peligro, que permiten a las plantas vivir gracias a la lluvia... Incluso, puede que le guste el olor del aire después de una tormenta. Ese niño dejará de sufrir por las tormentas.

Al igual que el niño, si aprendemos a entender que las emociones nos informan de cómo estamos con respecto al mundo, podremos utilizar esos avisos para actuar de la mejor forma posible, para avanzar en la vida, ante las dificultades que tengamos, y a disfrutar de las cosas buenas que nos pasen. Nos daremos cuenta de que las emociones, aunque en un principio, puedan hacernos sentir mal, no duran para siempre, y nos ayudan a estar mejor después.

Si aceptamos y escuchamos a nuestras emociones, podremos avanzar gracias a ellas, y crecer.