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miércoles, 22 de noviembre de 2017

MI NIÑO NO ME COME


Mucha gente, o la mayoría, tiene una relación insana en su vida, y no se dan cuenta de ello: la relación con la comida. No se trata únicamente de no llevar una dieta equilibrada, si no de hacer un uso "inadecuado" de la comida. ¿Cómo puede hacerse eso? Muy sencillo: la comida sirve para alimentarnos, para darnos la energía, las vitaminas, las cosas que necesitamos para que funcione bien nuestro cuerpo. Por tanto, cuando comemos por una razón distinta a la de alimentarnos, estamos haciendo un uso inadecuado. Por ejemplo: cuando "picamos algo" viendo una película (que suele ser un bol enorme de palomitas con un refresco grande), cuando nos damos un atracón "porque está todo muy rico", cuando quedamos con amigos y nos pasamos horas bebiendo y "picando", o cuando estamos tristes y nos da por comer chocolate, helado, chucherías... o pizza (porque eso nos han enseñado en la televisión). Estos ejemplos son muy cotidianos, y los hacemos todos. El problema está en que le damos otro valor a la comida, se convierte en algo que hacemos para entretenernos, para divertirnos, o para hacernos sentir mejor. En la mayoría de los casos, la mayor consecuencia que tiene esto son malos hábitos y enfermedades (comunes, pero no por ello menos importantes) como el colesterol alto, diabetes, sobrepeso... Pero también pueden convertirse en problemas más graves cuando se extremiza el caso, como en los trastornos de la conducta alimentaria.

Tener buenos hábitos de alimentación es algo que se aprende de niño. El niño siempre va a crecer imitando las conductas de sus padres. Si sus padres comen mientras ven la televisión, el niño también querrá hacerlo, y lo hará, porque los padres no suelen corregir en el niño los malos hábitos que tienen ellos mismos. Pero ¿qué puede tener de malo que el niño coma viendo una película? Primero: come por comer. Segundo: no come comida sana, si no que tiende a ser comida que no aporta nutrientes, solo sal, azúcar y grasas saturadas, además de productos artificiales. Y tercero: como lo que hace es prestar atención a la película, no se da cuenta de la cantidad de patatas que ha comido, no siente cuándo está saciado y puede llegar a comer tanto que le haga sentir molestias después.

Otro mal hábito, muy común actualmente, son los niños que "no comen". Eso de oír a las madres decir: "mi niño no me come" no es que el niño realmente no coma, si no porque no come la mayoría de las cosas que debería comer. Lo que ocurre es que a los niños le gustan las comidas que le gustan a los niños: los macarrones, los filetes con patatas, las salchichas... Cuando un padre o una madre le pone al niño una comida que no le gusta, lo que pasa es que, al final, el niño no se lo come porque los padres no insisten para que lo haga. Por no discutir, por no enfadarse, por no tardar una hora en que el niño coma algo, los padres ceden, y el niño consigue no comer eso que no le gusta. Además, existe otro problema: la sobreprotección. Es cuando la madre o el padre, le dan otra cosa al niño para comer. Es decir, le hacen otra comida que le gusta, o le dan un complemento alimenticio (que no sustituye una dieta equilibrada) en forma de colacao, o le llevan un bollo o algo que les gusta cuando van a buscarlos después del cole para que coma (porque "pobrecito, tendrá mucha hambre").  Así, el niño lo que aprende es que no tiene porqué comer cosas que no le gustan y, además, conseguirá algo que sí le gusta. Así, lo único que se consigue es un niño mal alimentado y caprichoso, y unos padres que viven "preocupados" porque su niño coma (como el tener que comprarle las cosas que le gustan, porque otro zumo o batido no se lo toma, o haciendo comidas específicas para él). Y, aparte de las consecuencias que esto tenga durante la infancia del niño, lo que ocurrirá en su edad adulta será que seguirá con una dieta poca variada y otros malos hábitos acumulados.

Pero, "¿qué puedo hacer si no quiere comer?" pensarán los padres... 

- Lo primero, evitar la sobreprotección: a un niño no le pasa nada porque un día no coma. Si no quiere comer, y se va al colegio con el estómago vacío, sólo le pasará una cosa: tendrá hambre. Lo único que hay que hacer es darle la merienda, pero una merienda sana (no un bollo o galletas o chocolatinas), y darle la merienda igual que siempre (en casa, a la hora de siempre), no llevárselo al final de clase "porque tendrá hambre". 

- Lo segundo, educarle: eso de... "las lentejas, si quieres las tomas y si no, las dejas..." nada. Mejor decirle: "si quieres las tomas... y si no, también". Recuerdo un anuncio de televisión de un frigorífico que iba sobre un niño que no se comía las espinacas, y su madre se las ponía una y otra vez hasta que el niño se las comía. Esa es la idea: enseñarle que la comida que se ha preparado es la que tiene que comer y que no hay otra opción. Con el tiempo, se acostumbrará a comer de todo y llevará una dieta más sana durante su vida adulta.

jueves, 1 de junio de 2017

MI NIÑO TIENE QUE SER PERFECTO


Últimamente, he visto por Internet muchos artículos tipo "cómo conseguir que a tu hijo le guste leer". Artículos que dan pautas a los padres para que sean buenos en ciertas cosas. Y realmente, me parece que se alimenta la idea de educar niños "a la carta". No me refiero a que no sea bueno que un niño lea, ni mucho menos, pero no creo que sea buena idea intentar forzar los gustos o las habilidades de los niños.

Los padres que intentan desarrollar al máximo las habilidades de sus hijos lo hacen con buena intención, pero los extremos, siempre son malos. Es igual de malo no poner normas a un niño que decirle continuamente lo que tiene que hacer. Y de igual forma, es tan malo no involucrarse en el desarrollo de los niños, como exigirles demasiado.

Y, además, se nos olvida una cosa: los gustos, las aficiones, no se pueden forzar. Puede que le demos un libro a un niño, y le guste, pero si no le gusta, por más libros que le demos, no conseguiremos que le guste. Puede ser mucho más adecuado dejar que sea el propio niño quien, con el paso de los años, cuando vaya creciendo, vaya descubriendo lo que le gusta y lo que no, lo que le interesaría aprender y lo que no y, a partir de ahí, ser un apoyo y ayudarle a desarrollar aquellas habilidades que a él mismo le interesen. Se consigue mucho más con el propio interés y motivación del niño, que por obligación.

Y también, démonos cuenta de algo: si el niño tiene un interés, y nosotros, más que apoyarlo, lo forzamos a que lo desarrolle (le obligamos a ir a más clases de las que le gustaría, ir a competiciones sin que él quiera, etc.), lo que podemos conseguir es que el niño pierda el interés, el gusto, la afición. Porque en ese caso, podemos hacer, sin quererlo, que lo que se hace por el puro placer de hacerlo, se convierta en una obligación.

Por eso mismo, os dejo unas recomendaciones muy básicas sobre cómo ayudar a desarrollarse a nuestros hijos:

1. El niño tiene que notar nuestro amor incondicional. Que sepa que pase lo que pase, aunque no consiga todo lo que se proponga o no sea bueno en algo, o cometa errores, le vamos a querer igual. Esto implica no hacerle chantajes emocionales ni dejar de hablarle como castigo.

2. Tenemos que aprender a aceptar a nuestro hijo tal y como es. Esto no quiere decir que si es malo en matemáticas no intentemos ayudarle para que aprenda, si no que tengamos en cuenta que puede haber cosas que, a pesar de su esfuerzo, no pueda conseguir. Eso es lo que debemos aceptar, y no forzar aquellas cosas de forma indefinida. Aprendamos a aceptar sus habilidades, gustos, intereses... igual que aceptamos sus rasgos físicos, su voz... Y tengamos en cuenta que nuestro hijo va a ir madurando, creciendo y cambiando, y con ello, cambiarán sus intereses. Dejemos que ellos mismos vayan buscando el ritmo al que quieren irse desarrollando en sus habilidades (por ejemplo, pintura, música, deporte, idiomas...).

3. Que seamos un apoyo, no un juez ni un jurado. El objetivo de un padre es ayudar a su hijo para que cuando se haga adulto, pueda enfrentarse sólo a su vida. Para ello, no es necesario apuntarle a muchas actividades extraescolares, ni obligarle a quedarse todo el fin de semana estudiando en casa, ni exigirle sobresalientes en todas las asignaturas. Puede ser más importante que el niño se desarrolle en cuanto a su personalidad, seguridad, confianza, habilidades sociales, autonomía... a que sepa resolver una ecuación.

4. Que tenga límites. Para que un niño pueda desarrollarse, necesita tener normas (horas de entrada y salida, ayudar en casa, respetar a los demás, tener obligaciones en función de su edad...). Un niño que hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere, y siempre se sale con la suya, no aprende a manejar su frustración. Crece con la idea de que el mundo, las personas, están para satisfacerle, y eso, sólo le va a dar problemas a la hora de adaptarse al colegio, instituto...trabajo...amistades...

domingo, 19 de febrero de 2017

EDUCAR NIÑOS SANOS


Hoy he visto una foto compartida en una red social, y me gustaría compartirla.


Hace poco, ha habido noticias de padres que se ponen agresivos en los partidos de fútbol de sus hijos. Son actos que no podemos consentir, y mucho menos, enseñar a los niños. Un partido es un juego, es para disfrutarlo, entretenerse...

Pero, ¿por qué ocurre? Realmente, no puede saberse. Nadie sabe lo que se les pasa a esos padres por la cabeza en ese momento, ni la situación que están viviendo ni qué hace que reaccionen así. Pero  hay cambios en la sociedad que nos pueden dar una idea de qué puede estar pasando.

1. Sobreprotección. Es la tendencia a evitar cualquier problema a un hijo (por así decirlo... solucionarle la vida). Puede ir desde atarle los cordones de las zapatillas aunque ya sepa hacerlo, a gritarle a un profesor porque le ha castigado. La consecuencia de esto es que el niño se acostumbra a no hacer nada, a que siempre le resuelvan sus problemas, y cuando comete errores, a que se les proteja de las consecuencias. Esto no es bueno, en primer lugar, porque no aprenderán a ser personas independientes, activas y resolutivas, no sabrán enfrentase a la vida. En segundo lugar, no aprenderán lo que no tienen que hacer, porque cuando hagan algo mal o que no deben, no tendrá consecuencias para ellos. Conseguirán aquello que querían en ese momento, y no importará lo que eso haya podido provocar.
2. "Yo quiero que mi hijo tenga todo lo que yo no tuve" = Consentirlo. Hay una parte fundamental en el desarrollo de los niños que puede pasar desapercibida... la frustración (no tener/conseguir aquello que se quiere). Todos los niños pequeños quieren tener cosas, se encaprichan enseguida de cualquier juguete o cualquier chuchería. Son pequeños y no entienden que el dinero se acaba, ni lo mucho que cuesta conseguirlo. Por eso tienen rabietas cuando no les damos lo que quieren. Se sienten muy mal porque quieren algo y nosotros no se lo damos. Pero el hecho de que se queden con las ganas les va enseñando algo vital: no se puede tener todo en la vida. Por eso, si siempre se consienten sus caprichos, se les compra cosas constantemente, y se les regala todo lo que piden, no llegarán a aprender ese mensaje de la vida en la infancia. Crecerán pensando que la vida, que el mundo, que nosotros, estamos ahí para satisfacerlos siempre. Y llegará un momento en que no podremos hacerlo. Entonces, Tendremos a un niño/a de 15, 16, 17, 20... años con rabietas. Un adolescente que no puede tolerar no tener algo que quiere, y que puede recurrir a la violencia para conseguirlo, porque no puede aguantar no tenerlo. No ha aprendido a hacerlo.
3. "Con el poco tiempo que paso con él, no quiero que esté castigado" = Falta de normas. Hace años, muchas familias podían vivir con el trabajo del padre, mientras la madre se quedaba en el hogar cuidando de los hijos. Hoy en día, sea por la situación económica, que obliga a ambos padres a trabajar; bien porque las madres quieren desarrollarse profesionalmente, lo que ocurre es que los niños son educados prácticamente en el colegio. Pero esto no es suficiente. El pilar básico de la educación es la familia, por la relación de los niños con los padres; y porque no sirve que en el colegio se les enseñen normas si en sus casas no las hay. Los padres de hoy en día pasan poco tiempo con sus hijos por el trabajo, y por eso, quieren pasarlo bien con ellos cuando pueden verlos. Es algo completamente comprensible, pero es algo completamente insano para sus hijos. Si un niño se comporta mal, hay que regañarle, y castigarle si es necesario. Un niño que crece sin normas no las aceptará nunca, y la vida, el trabajo... están llenas de ellas. Sin normas, lo único que aprende un niño es que puede hacer lo que quiera porque nunca pasa nada por ello. Y eso, sólo hará que no se adapte ni en los estudios, ni en el trabajo, ni en la sociedad.
5. "Mi hijo va a ser..." = Altas expectativas. Hay padres, en cambio, que pecan en el otro sentido. Quieren que sus hijos consigan ser los mejores: médicos, abogados... lo que ellos mismos no pudieron ser. Para eso, le llevan a muchas actividades extraescolares, le exigen que saquen notas elevadas... Son tan exigentes que pueden generarle más problemas por las exigencias (angustias, tristeza... por exigirle más de lo que puede dar) que conseguir que se desarrollen. Ningún niño puede ser bueno en todo. Ningún niño puede dedicar todo su tiempo a una única actividad. Todos los niños necesitan descansar y jugar. Convertir una actividad lúdica (como el fútbol) en una competición y una exigencia, le quita todo el placer. Ya no es divertido, ya es una obligación. Ya no es "pasar un rato con mis amigos", ya es "tengo que marcar gol y ganar".

¿Qué podemos hacer para que esto no ocurra? Amor, comprensión y normas
Un amor incondicional, que dé confianza al niño, que se sienta seguro para avanzar, sabiendo que si se cae y no se puede levantar, le ayudaremos,
Comprender que nadie es perfecto, que los niños también tienen dificultades, que sufren por no poder conseguir todas las metas que tienen que alcanzar... Y hacer que ellos sepan que los comprendemos.
Y normas, para que sepan que la vida no es fácil, que no siempre podrán tener todo lo que quieran o se propongan, pero que con esfuerzo, sí podrán conseguir por ellos mismos muchas cosas.

jueves, 26 de enero de 2017

PREVENIR MEJOR QUE CURAR


El abuso sexual infantil existe. Vemos noticias en la televisión: profesores que abusan de sus alumnos, por ejemplo. Pero nos olvidamos de ello, o pensamos que ocurre muy poco porque no tenemos constancia directa de ello, porque no lo vemos, porque no oímos casos cercanos, porque no conocemos personas que lo hayan sufrido... Y como no aparece en nuestra vida de forma directa, no pensamos en prevenirlo. Sin embargo, 1 de cada 5 niños lo sufre. La mayoría de las veces, el agresor es una persona conocida.

Si nos concienciamos, podemos llegar a pensar que el avisar a nuestros hijos puede asustarlos, o que el sexo no es un tema para niños. Pero no se trata de eso. Simplemente hay que enseñar a los niños algunas cosas, que pueden ayudar a prevenir o, al menos, descubrir lo antes posible, los abusos. 

Existen varios recursos para hacer esto (cuentos, vídeos), diseñados para niños de corta edad, como la Regla de Kiko. (Al final de la entrada dejaré los enlaces con toda la información).

Este cuento trata de un niño llamado Kiko y una mano amiga suya. La mano le va pidiendo al niño tocarle la cabeza, la nariz, las manos... están jugando. A Kiko le parece bien y le deja. Pero la mano le pide tocarle debajo de la ropa interior y Kiko le dice que no.





La idea básica es enseñar a los niños que nadie tiene porqué tocarles o mirarles debajo de la ropa interior (excepto sus padres para bañarlos, por ejemplo; o un médico, si les duele). Enseñarles que su cuerpo es suyo y que nadie puede tocarlo si él/ella no quiere. El niño debe saber decir que "no" con firmeza. Si un niño no quiere que le demos un beso en la mejilla, no debemos obligarlo. Si le obligamos, el niño entiende que tiene que obedecer al adulto, que el adulto puede hacer con él y su cuerpo lo que quiera, y no es así. Un niño que sabe decir "no" estará protegido contra el abuso.

También ayuda en la prevención el que el niño sepa distinguir entre los secretos "buenos" y los "malos". Cuando el abuso se produce, el agresor suele conocer al niño, hacerle regalos y decirle que es un secreto, y que como lo quiere mucho, le tiene que guardar el secreto. En otras palabras: le hace chantaje emocional para que el niño calle. Por eso es muy bueno tener buena comunicación con el niño, tomarlo enserio al hablar, escucharlo, no juzgarlo. Se trata de que el niño se sienta seguro contando cualquier cosa que le preocupe. Si le enseñamos que los secretos que le hacen sentir mal (miedo, vergüenza, tristeza, culpabilidad...) son malos, y no debe guardarlos, facilitamos que si se da el abuso, no haga caso al agresor, y cuente a alguien lo ocurrido. Debemos enseñarlos que siempre que se sienta mal, puede contárnoslo para sentirse mejor y para que podamos ayudarle. 

Otra forma de prevenir es enseñar al niño a distinguir qué adulto puede ayudarle. Se trata de que entienda que los adultos de su entorno van a cuidarlo y protegerlo, también de otros adultos. El niño debe saber distinguir con qué adulto puede hablar (padres, profesores...), para que sepa a quién puede recurrir si necesita ayuda o se siente mal.

Y como he comentado antes, la comunicación es un punto básico. El abuso no se da de un momento a otro. El agresor va intentando acercarse al niño, quedarse solo con él, hacerle regalos (a escondidas), decirles que le guarden secretos... El que un niño cuente esto a otros adultos ayuda a prevenir que llegue a ocurrir el abuso, porque el adulto puede intervenir. Y si lo que cuenta es el abuso producido, es importante no interrogarle, ni preguntarle por qué ha corrido. Es muy fácil que un niño sienta que ha hecho algo mal o se sienta culpable. Lo importante es que entienda que él no tiene la culpa y que no vamos a dejar que vuelva a ocurrir.

Educando, se previene. Educando, se los protege.

En caso de sospecha de que un menor es víctima de abusos, se puede consultar aquí: 
El teléfono 116 111 es atendido en España por la Fundación ANAR. Es una línea dedicada directamente a la atención de menores. Para atender a adultos sobre cualquier tema relacionado con un menor (el Teléfono del Adulto y la Familia) tienen esta otra línea: 600 50 51 52, y también atienden emails, desde este enlace http://www.anar.org/email-anar/

Puedes ver toda la información sobre la Regla de Kiko aquí http://www.laregladekiko.org/underwear_es.asp

Puedes descargar el cuento de Kiko y la mano aquí http://www.laregladekiko.org/Source/Book_es.pdf

jueves, 15 de diciembre de 2016

LA MÚSICA ENSEÑA, PERO NOSOTROS TAMBIÉN

Hace poco, me enteré de que hay una nueva canción de moda. No voy a decir ni el artista ni el título, para evitar hacer cualquier tipo de publicidad. El caso es que decidí leer la letra de la canción, y me sorprendió los mensajes que aparecen. Habla de "estar enamorado", cuando en realidad, la letra va de sexo. Si se lee con atención, es fácil darse cuenta de ello. El problema, es que hay mucha gente que no lo hace, sobre todo, en la adolescencia.

En esta etapa de la vida, juegan un papel muy importante las hormonas, y lo que se desea es adaptarse, ser aceptado. ¿Qué hay más importante para un adolescente que sus amigos? Por ellos, por ir a moda, por hacer lo que "mola" (o como se diga ahora), se pueden llegar a hacer muchas tonterías. Por ejemplo, fumar, emborracharse, llevar ropa minúscula por ir sexy (aunque haga 3 grados en la calle), o tener relaciones sexuales sin protección.

Puede parecer una tontería cantar una simple canción que ahora está de moda y en tres meses no se escuchará por la radio, pero en el fondo, no lo es. La música es cultura, y la cultura refleja las ideas de la sociedad. Si en una canción se habla de relaciones sexuales esporádicas, si se habla de sexo confundiéndolo con estar enamorado... Lo que se está haciendo, es normalizarlo, hacer que la sociedad lo considere normal. Y puede serlo. Es decir, no tiene porqué ser malo el mantener relaciones sexuales fuera de una relación simplemente por placer, pero no es lo mismo que lo hagan personas adultas que adolescentes, que todavía están creciendo. Y ahí es donde está el problema: los adolescentes quieren crecer, parecer adultos, quieren dejar de ser niños, y para ello, imitan a los adultos: fuman, beben, y tienen relaciones sexuales.

Todavía existe cierta presión entre los adolescentes en cuanto al sexo. Chicas que acceden a tener relaciones, aunque no estén seguras, porque creen que sus amigas lo han hecho, o porque el chico que les gusta quiere hacerlo.

Si fomentamos la idea de la mujer como objeto sexual (por ejemplo, en una canción), valorándola sólo porque es atractiva o cómo se comporta durante el sexo, estaremos dando ideas sobre cómo pensar y actuar a los adolescentes: los chicos entenderán que pueden usarlas "y ya está"; y las chicas, que tienen que acceder a mantener relaciones sexuales para ser aceptadas, por ellos y por ellas.

¿Qué podemos hacer? Educar. No tolerar el machismo. Fomentar la igualdad. Educar en el respeto, en la reflexión. Enseñarles a pensar en ellas, a que no deben hacer nada por los otros (porque eso genera problemas), si no buscar su bienestar, hacer lo que ellas necesiten. Educar para valorar a las personas por cómo se comportan con nosotros. Que sepan decir "no" llegado el momento, y que tengan la suficiente confianza en sí mismos para decirlo. Cuando alguien está sano, tiene confianza y seguridad, tiene habilidades para enfrentarse a los problemas, es resolutivo... está más protegido ante los demás, porque sabrá responder ante ellos y sus conductas.

Educar es proteger y criar niños sanos en todos los aspectos.

¿Cómo hacerlo? Ahí van unos pequeños consejos:

1. Educar en igualdad: respetando las ideas/gustos de niños y niñas, sin encasillarlos por cuestión de sexo. Por ejemplo: respetando si un niño quiere jugar con muñecas; haciendo que los dos se encarguen de tareas en el hogar; teniendo las mismas normas para ambos; no despreciando las opiniones o conductas de mujeres (por ejemplo, decir: "las mujeres no saben de política"... "las mujeres no conducen bien"... "¡mujer tenía que ser!"... "mírala, va provocando con esa falda"... "no debería ir sola por la calle a estas horas"...). Todos estos comentarios parecen livianos, sin importancia, pero van calando en la mente de los niños, y crecen con la idea de que la mujer no tiene los mismos derechos que el hombre, que es peor, débil... Y eso ayuda a que se utilice a las mujeres y se abuse de ellas de muchas formas.

2. Enseñarles que cuando algo nos hace sentir mal, no es buena idea: las emociones son adaptativas, nos han servido, a lo largo de toda la historia, para sobrevivir. La ansiedad, el miedo, la tristeza, nos avisan de que hay algo en nuestra vida que no va bien, que hay un problema, y que hay que buscarle solución. Por eso, hay que saber escuchar lo que nos están diciendo nuestras emociones, para poder afrontar mejor las dificultades que surjan en nuestra vida. Si sentimos ansiedad o miedo, estamos frente a un problema, por lo que hay que analizarlo para buscar la mejor respuesta... Si sentimos tristeza, hemos perdido algo que teníamos o que esperábamos tener, y es bueno buscar el consuelo y la ayuda de las personas que nos quieren. Por eso, es importante que los adolescentes sepan escuchar sus emociones: sabrán qué les ocurre y podrán enfrentarse mejor a ello.

3. Educar en el respeto: se trata de no despreciar las opiniones o las acciones de los demás. Si los niños ven que, aunque se tengan opiniones distintas, ninguno desprecia al otro, sabrá que las dos opiniones, y las dos personas, son igual de valiosas. Eso no implica sólo el que el niño aprenda a no minusvalorar a los demás, si no a no minusvalorarse a sí mismo. Si yo considero que todos merecemos el mismo respeto, respetaré a los demás, y me respetaré a mí mismo. De esta forma, fomentamos que se quiera, se valore, y se cuide. Y que aprenda a distinguir cuándo, lo que nos dice alguien que hagamos, nos puede beneficiar o perjudicar. Sabrá decir "no". Aprenderá a no permitir que los demás le valoren negativamente, le utilicen, o le desprecien.

Así, podremos hacer que las nuevas generaciones sean más fuertes, y no se dejen influenciar, a la primera de cambio, por las modas, la publicidad, o cualquier persona.

sábado, 10 de septiembre de 2016

¿ESPIAR O NO ESPIAR? ESA NO ES LA CUESTIÓN

En los últimos días, se ha hablado en varios medios de comunicación del debate sobre si los padres pueden o deben espiar a sus hijos. Creo que es un tema importante sobre el que hay que reflexionar.

Muchas veces, las cosas no son blancas o negras. El mundo está lleno de matices, de grises. Por eso, hay que valorar todas las opciones, para ver cuál es el gris que más nos conviene en cada situación. y en este caso, hay que primar el bienestar del hijo.

Ante la posibilidad de espiarlo, ¿qué podríamos obtener?: Enterarnos de algo que nuestro hijo no nos contara. Pero ¿eso nos asegura el poder ayudarlo? Para poder ayudar a una persona, esa persona tiene que querer recibir esa ayuda. Si no está dispuesto a recibirla, es muy posible que lo que nosotros podamos hacer sea muy limitado. ¿Querrá que le ayudemos una persona a la que hayamos espiado? Démonos cuenta de que al espiar, estamos rompiendo la confianza en la relación. Esa persona, ese hijo, sentirá que se ha invadido su intimidad (algo que tiene mucha importancia en la adolescencia, cuando las personas empezamos a crear nuestra propia vida, empezamos a desarrollar nuestra independencia, cuando las relaciones con sus amigos son tan importantes...). No olvidemos que nuestros hijos también son personas, personas que merecen el mismo respeto de su intimidad que cualquier persona. Y no sólo se sentirá mal por ello, se sentirá mal por quien lo ha hecho. Por esto, se puede romper el lazo que nos une a nuestros hijos, la confianza que se crea desde la infancia. ¿Merece la pena?

La otra opción es mantenernos cerca de ellos, respetar sus decisiones, intentar entenderlos, y no juzgarlos. Apoyarlos, escucharlos. Si favorecemos un buen ambiente, una buena comunicación, facilitamos que sean ellos mismos los que nos cuenten sus cosas, sus problemas y sus inquietudes. Si conseguimos que nuestros hijos obtengan más beneficios contándonos lo que les ocurre que callando, no tendremos que preocuparnos de qué nos puedan estar ocultando. Si, por el contrario, cuando tienen un problema y nos lo cuentan, reaccionamos mal, juzgándolo, regañándolo, enfadándonos... intentarán evitar que nos enteremos. Así, ganamos pocas cosas.

Por otra parte, no podemos esperar que nuestros hijos nos lo cuenten todo. Seamos conscientes de que los padres, son padres para sus hijos, no pueden ser sus amigos. Siempre habrá cosas que los hijos no quieran contar a sus padres. Aceptémoslo, e intentemos que tengan la confianza suficiente para contarnos aquellas cosas realmente importantes, y no tendremos que plantearnos si tenemos que espiarlos.