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lunes, 23 de julio de 2018

CÓMO DISFRUTAR AL 100% DE LAS VACACIONES


Aunque ya llevamos más de un mes en verano, la mayoría de la gente comienza sus vacaciones en estas fechas. Como todo cambio, puede generar cierto estrés (atascos, aeropuertos, hacer las maletas, estar todos juntos, a veces, en espacios más pequeños...). Otras veces, simplemente, puede que no vayamos al sitio que nos hubiera gustado, o que no podamos irnos a ningún sitio. Esto también genera emociones negativas que pueden chafarnos esos días que tenemos para descansar y disfrutar, aunque tengamos que quedarnos en casa. Practicar Mindfulness puede ayudarnos a saborear y disfrutar más de estos días, aunque no sean como hubiéramos deseado en un principio. 

Mindfulness se basa en unos principios, que nos ayudan a tener una actitud más abierta a la experiencia, lo que nos permite conectar con ella en cada momento y ser plenamente conscientes de todo lo que vivimos. Esos principios son los siguientes:

- No juzgar: cuando valoramos o juzgamos lo que hacemos o tenemos, o hacen o tienen otros, el resultado es que nos cargamos de ideas y opiniones negativas, que no nos llevan a ningún sitio. Este tipo de pensamientos nos distraen de la vida y nos impiden disfrutarla. Así que: evita centrarte en esos pensamientos que te dicen que no vas a disfrutar tanto como querías por no ir o hacer lo que te hubiera gustado.

- Paciencia: eso de saber esperar a que las cosas lleguen cuando tengan que llegar, y que consigamos las cosas cuando podamos, nos permite no centrarnos tanto en lo que está por llegar y podamos vivir el momento presente, lo que tenemos ahora. Así también evitamos esa frustración por lo que nos falta o no podemos hacer. Y esto, también podemos aplicarlo a nuestras vacaciones: disfruta de todos tus días libres, aunque lo que quieras hacer sea sólo al final de tus vacaciones. Lo que esperas, llegará. Mientras tanto, puedes hacer otras cosas muy satisfactorias. Y si aprovechas esos días para estudiar o hacer algún curso, con una fecha límite, date cuenta de que necesitarás tiempo para avanzar, y dátelo.

- Mente de principiante: es la mirada que tienen los niños cuando ven algo nuevo, y se preguntan qué es, y se fijan en todos sus detalles. Esa atención que le ponen a las cosas les permite saborear todo lo que tienen delante, disfrutar cada momento. Por lo tanto, fíjate en todos los detalles, sobre todo, si viajas. Fíjate en los colores del cielo, la brisa, el olor del mar, el ruido de las olas, o el canto de los pájaros, el color de los edificios, el sabor y olor de las comidas, las sonrisas de las personas, y aquello de lo que te hablan. Aunque estés en un sitio donde has esto mil veces, si prestas atención, seguro que descubres algo nuevo, que lo vives de forma distinta.

- Confianza: en este caso, se refiere a confiar en uno mismo, en nuestro instinto y en nuestras emociones. Si no te sientes cómodo con algo, no lo hagas o no lo sigas. Y si crees que algo te va a aportar cosas positivas, tírate a la piscina.

- No esforzarse: a veces, tratamos de hacer o de lograr cosas que son muy difíciles de alcanzar, y ese sobreesfuerzo nos genera malestar, frustración, cansancio, mal humor... Prestar tanta atención cuando no se está acostumbrado, también puede ser un sobreesfuerzo. Por tanto, vive tu verano con atención a la experiencia, pero no te obsesiones con eso, no se trata de verlo todo, ni de escucharlo todo, ni de hacerlo todo. Se trata de disfrutar aquello que hagamos, aunque sea ver una película en el sillón.

- Dejar ir: se trata de dejar ir a aquellas cosas, pensamientos, ideas a las que nos aferramos. El apegarnos fuertemente a algo nos puede generar dolor, porque no seremos capaces de soltarnos de eso, pero a veces, no podemos evitar esa separación. Por tanto, luchamos contra algo inevitable, una batalla perdida. En esos casos, siempre es mejor aprender a soltar aquellas cosas que no podremos tener siempre. Por ejemplo, se trataría de no aferrarnos a la idea de que para disfrutar las vacaciones, tenemos que ir a un hotel en primera línea de playa. Si cedemos en esto, podremos darnos cuenta que podemos disfrutar en cualquier lugar, aunque no salgamos de nuestro barrio.

- Aceptación: es admitir que las cosas sean como son, en cada momento, y no pretender cambiarlo. Igual que el cielo es azul y no pretendemos que sea de otra forma, se trataría de aceptar las cosas que sí podemos hacer, y las cosas que no podemos cambiar, sabiendo que todo tiene su parte buena y su parte mala, pero viviendo cada experiencia. Si intentamos cambiar algo que no podemos, sólo nos frustraremos, e invertiremos tiempo y esfuerzo para no alcanzar lo que queríamos. Así, si en las vacaciones vas a un sitio que no te gusta, acepta que va a ser así, siendo consciente de que es lo que vas a vivir, y que habrá cosas que sí te gusten, y otras que no, pero dispuesto a saborerar  la experiencia.

Puede ser difícil aplicar estos principios a nuestra vida si no hemos practicado Mindfulness antes, pero puede darnos una idea de cómo vivir estos días con una actitud más abierta la experiencia y lo que vivamos, disfrutando algo más.

martes, 10 de abril de 2018

CUANDO LOS DEMAS SIEMPRE NOS DEFRAUDAN


Todos nos hemos sentido dolidos, alguna vez, por lo que los demás hacen. Pensamos que hemos sido engañados, que realmente esas personas no nos valoraban, o que no les importábamos. Puede que esto realmente fuera así... o puede que no.

Hay personas a las que esto les ocurre con frecuencia, y no es porque realmente sean personas menos valiosas que los demás, o que se dejen llevar por los otros con más facilidad que el resto de la gente... Puede que, simplemente, esperen demasiado de los otros...

Según vamos creciendo, vamos aprendiendo cosas del mundo, de cómo funciona, y de cómo debemos actuar nosotros mismos. Aprendemos reglas que nos dicen qué suele pasar ante una situación, adquirimos valores que nos dicen lo que está bien y lo que no, y con esto, determinamos qué se debe hacer en cada momento. Cuanto más nos creamos estas reglas, más expectativas nos crearemos sobre cómo tiene que ser el mundo. Pero no siempre acertaremos, porque no podemos tener tanta experiencia como para haber vivido cualquier situación. Siempre existirán circunstancias que queden fuera de "lo que sabemos" sobre el mundo y sobre la vida.

Además, tenemos que tener en cuenta otra cosa: cuanto más nos creamos que esas reglas son verdaderas o ciertas, o que son la realidad, más fácil será que intentemos aplicarlas a todo, incluyendo al resto de personas. Es decir, consideraremos que los demás deben estar de acuerdo/cumplir las reglas que nosotros tenemos, porque son las verdaderas. Pero, si sabemos que cada persona es distinta y única... ¿cómo podemos esperar que todos se comporten en función de lo que nosotros pensamos? Es ahí cuando aparece el problema... Cuanto más apegados estemos a esta creencia (que los demás deben comportarse como nosotros lo haríamos), más fácil es que nos enfademos cuando no lo hagan.



Debemos tener en cuenta que cada persona crece y se desarrolla en una cultura, grupo, familia, momento, situación económica o temporal, distinta. Cada persona se enfrenta en su desarrollo a distintas situaciones y circunstancias, por lo que aprende cosas distintas del mundo. Aprende a entender cómo es la vida de forma diferente y, por tanto, establece su propia manera de entender el mundo y de cómo comportarse ante él. Tendrá sus propios valores, sus propias prioridades y su propia forma de relacionarse con los demás.

En distintas entradas, ya se ha comentado que ante una misma situación, las personas pueden actuar de distinta manera, porque interpretan la situación de distinta forma y tienen distintas habilidades para enfrentarse a dicha situación. Por tanto, es muy probable que si pensamos que la manera correcta de hacer algo es de una forma en concreto, cuando otra persona no lo haga así, pensaremos que lo está haciendo mal. Juzgamos su forma de actuar, aunque sea igual de válida que la nuestra, porque "la mía es la buena". Y cuando pasa esto, lo que hacemos es atribuir "lo malo" de su comportamiento a su personalidad. Es decir: no es que se haya comportado mal, es que "es malo", "me ha perjudicado intencionadamente", "no le ha importado hacerme daño", "me ha engañado", etc. Es el otro quien, "sabiendo cómo debe comportarse" (es decir, como yo creo que debe hacerlo), hace las cosas mal, sin importarle lo que implique para mí. Es entonces cuando tendemos a tener una opinión negativa de los demás, y tendemos a separarnos de ellos. Y parece que casi se convierte en un hábito el que los amigos no duren "para siempre", porque nos volvemos tan estrictos con cómo deben ser, que nos olvidamos de que cada uno es como es, y de que no somos el centro de la vida de todo el mundo... Porque cuando interpretamos que los otros nos hacen daño, lo más probable es que ellos ni siquiera se hayan parado a pensar en qué puede suponer lo que van a hacer para nosotros... porque en lo que se centran, es en hacer su vida, como todo el mundo.

Por todo esto, es muy difícil ser feliz si tenemos unas altas expectativas sobre cómo deben comportarse las personas que nos rodean... porque esas reglas son nuestras, no suyas. Cada persona actúa y vive de una forma, según considera que es lo mejor, y es imposible que los demás se comporten siempre como uno espera. Por eso, intentar dejar de lado esas expectativas, y ponernos en la piel del otro, pueden ayudarnos a ver las cosas de otra manera.

Si nos relacionamos con los demás a través de la aceptación, de la tolerancia, del respeto y del cariño, podremos ver que los demás son tan buenos como nosotros, y nuestras relaciones serán mucho más sanas, fuertes y duraderas.

martes, 31 de octubre de 2017

ACTITUDES


¿Alguna vez te has dado cuenta de la importancia que tienen las actitudes en nuestra vida? ¿Te has planteado cómo hubieran sido las cosas si hubieras reaccionado de forma distinta en algún momento concreto... hacia algo o alguien en concreto? ¿Por qué aquella vez dijiste que no? Cuando después, te diste cuenta de que deberías haber dicho un "sí" o un "quizá"... Puede ser que actuaras movido por tus actitudes.

Seguramente no te hayas dado cuenta de que las tienes... es más probable que te hayas fijado en las de los demás... Por eso de que "se ve mejor la mota en el ojo ajeno", aunque no siempre tiene que tratarse de algo negativo... Seguro que te has dado cuenta de que, en tu día a día, hay personas que se enfrentan a la vida de distinta forma: unos con un "¡claro que sí!" y otros con un "no". Parece, incluso, que da igual el contexto, la situación, la persona con la que esté, el tema... parece que siempre reaccionan igual ante cualquier cosa. Y eso es porque tienen actitudes.

Las actitudes son, por así decirlo, la forma o la tendencia que tiene una persona de reaccionar afectivamente hacia algo (circunstancias, problemas, propuestas, personas...). Es como si tuviéramos un filtro positivo o negativo (grosso modo) que hace que aquello que se nos ponga delante nos parezca maravilloso u horrible. Nos genera emociones, y hace que reaccionemos ante las cosas de determinada manera.

Durante nuestra vida, todo aquello que vivimos, nos hace crearnos una idea general de cómo es el mundo, aunque no seamos plenamente conscientes de estas ideas. Y, como el pensamiento y la emoción van de la mano... nos hacen sentir un valor afectivo general hacia el mundo. Es decir, aparecen emociones positivas o negativas hacia el mundo y la vida en general. Y vivimos, enfrentándonos a lo que nos pasa, partiendo de esas ideas y emociones, que están en el fondo de nuestra cabeza, sin que nos demos cuenta de ello.

¿Y cuáles son las consecuencias que tienen estas actitudes en nuestra vida? Que guían nuestras reacciones y, por tanto, nuestro comportamiento. Por ejemplo: personas con actitudes negativas, pueden decirte que la fiesta de Halloween es una tontería, una excusa más para el consumismo, para emborracharse, etc; y otra, decirte que está muy bien porque distrae a los niños, enriquece la cultura y es un motivo más de reunión con los amigos. Un mismo tema, distintas actitudes. Otro ejemplo: las personas que se toman las dificultades como retos, frente a las personas que se quejan hasta de aquello que se supone que les gusta.

Pero el que las actitudes sean una tendencia... no quiere decir que no podamos cambiarlas... Si intentamos tener los ojos bien abiertos a nuestras ideas sobre el mundo, al valor que tendemos a darle a las cosas... estaremos más cerca de poder darnos un segundo para pensar si queremos dejarnos llevar por nuestras actitudes... o si queremos darle el beneficio de la duda a lo que se nos ponga por delante.

Si tiendes a decir que sí siempre, párate y piensa, si realmente quieres decir que sí. A lo mejor, en algún caso, te supone un esfuerzo o un reto al que, en este momento, no puedes hacer frente... o te supone mayor inversión de tiempo y trabajo que los beneficios o la diversión que puedas obtener.

Si tiendes a decir que no siempre, dale el beneficio de la duda a lo que tienes delante. A lo mejor, no es tan malo como puedas pensar, y te puede aportar cosas sobre las que ni siquiera has pensado...

Buscar el cambio en nuestras vidas hace que vivamos nuevas experiencias, que aprendamos y que adquiramos otros puntos de vista. Nos enriquece.

miércoles, 23 de agosto de 2017

7 COSAS QUE PUEDES HACER FRENTE A LOS PENSAMIENTOS DESAGRADABLES


En la entrada anterior, vimos que los pensamientos no son la realidad, no se pueden controlar y que son distintos de nosotros mismos. Pero, ¿para qué nos puede servir saber eso? Si el pensamiento no se puede controlar, ¿cómo puedo evitar los pensamientos que me hacen sentir mal o que no puedo quitarme de la cabeza? Vamos a ver algunas pautas que nos pueden ayudar a eliminar el malestar que nos generan algunos pensamientos.

1. NO CREERNOS LOS PENSAMIENTOS: el hecho de entender que los pensamientos se basan en sólo en una parte de la información (no en la realidad), y que están influidos por factores como nuestras emociones, expectativas, prejuicios, experiencias anteriores, etc, nos está informado de que los pensamientos son una interpretación imperfecta que hacemos del mundo. Si nuestro humor cambia, pueden cambiar los pensamientos que tengamos sobre un mismo hecho. Esto puede liberarnos de su peso si conseguimos darnos cuenta de que no son "la verdad" cuando nos asalten en la mente. Sería como si nos limitáramos a escuchar a algún conocido del que sabemos que, a veces, nos miente o nos da malos consejos, y no confiáramos plenamente en lo que nos dice. Sería escuchar, pero no creer. Cuando te asalte un pensamiento que te genera malestar, para un momento, y date cuenta de que no es un fiel reflejo de lo que en realidad pasa.

2. PRACTICA MINDFULNESS CENTRADO EN LA RESPIRACIÓN: puedes hacerlo como una forma de contactar con el presente, atendiendo a cómo entra y sale el aire del cuerpo mientras respiras. Así, puedes relajarte, calmando el alma, y  alejarte de esos pensamientos que te desbordan. Cuando termines la práctica estarás más preparado para ser consciente de qué son y cómo funcionan los pensamientos, para no creértelos y que no te generen ese malestar. Os dejo el enlace de una guía básica sobre Mindfulness que está en este blog:

3. PRACTICA MINDFULNESS CENTRADO EN LOS PENSAMIENTOS: para hacer esta práctica, es recomendable que antes hayas realizado prácticas centradas en la respiración y en el cuerpo, al menos, durante una vez al día, y una semana para cada práctica. La práctica de la atención plena centrada en el pensamiento te ayudará a quitarle fuerza a los pensamientos, dejarás de creerlos al 100%, porque aprendes a observarlos "desde fuera", en vez de centrarte únicamente en el contenido del pensamiento. Los entiendes como un fenómeno que ocurre en tu cabeza, y que igual que llegan, se van solos, sin darle ninguna importancia mayor. Con la práctica, además, aprendes a no apegarte o engancharte a esos pensamientos, y esto suele provocar que estos pensamientos aparezcan con menor frecuencia y menor duración.

4. TÓMATE UN MOMENTO PARA REFLEXIONAR: en muchas ocasiones, los pensamientos negativos aparecen cuando estamos en situaciones de estrés. El estrés suele generar emociones negativas, y esto, hace más probable que aparezcan pensamientos negativos. Así, entramos en un bucle de malestar del que puede sernos difícil salir. Por eso, cuando detectes que estás teniendo pensamientos negativos que te generan malestar, puedes pararte un momento y pensar: ¿tengo la certeza de que esto es así, o es una valoración que estoy haciendo? ¿Me puede estar influyendo lo que siento en lo que estoy pensando? ¿Estoy muy cansado/irritado/frustrado? ¿Puede haber otra forma de entender lo que ha pasado? Si alguna de las respuestas que te des es que puedes estar equivocado o que no estás en un buen momento para para tomar decisiones porque estés cansado o de mal humor, tómate un respiro. Deja que la emoción negativa se vaya, y vuelve a reflexionar sobre ello cuando estés tranquilo. Lo verás de otra forma.

5. RELÁJATE: como acabamos de ver, el estrés influye en los pensamientos, porque puede bloquearnos ante los problemas y generarnos emociones negativas que nos lleven a pensamientos negativos, y estos, hagan crecer el malestar. Por tanto, una forma de afrontar mejor esos pensamientos es estar lo más relajado posible. Es decir, cuídate. Intenta generar un hábito en el que, todos los días, al menos durante unos minutos, tengas un espacio para ti, para relajarte. Puede ser tomar un ducha, darte un masaje, escuchar música que te relaje, leer, ver una serie o película que te haga reír, hacer ejercicios de relajación, ejercicio físico, salir con amistades, bailar... Lo importante es que durante ese tiempo, tomes aire, te despejes y cargues las pilas de nuevo.

6. MANTENTE ACTIVO: nuestra mente no puede hacer dos cosas a la vez. Es decir, si estamos atendiendo a una cosa, no podemos atender a otra. Entonces, una forma de parar los pensamientos negativos puede ser hacer actividades que mantengan nuestra mente ocupada: leer, hacer pasatiempos, aprender nuevas recetas o nuevos idiomas, hablar con otras personas (de temas que no sean los pensamientos negativos), pintar o dibujar, o hacer algún otro tipo de manualidad, practicar Mindfulness... Lo importante es tener la atención dirigida a otra cosa.

7. NO INTENTES NO PENSAR EN ESO: no podemos controlar nuestro pensamiento, hasta el punto de que si intentamos frenar un pensamiento, lo que hacemos, en realidad, es prestarle más atención. Si intento evitar un pensamiento, cada vez que el pensamiento aparezca, me sentiré mal, porque no he podido evitarlo, y como me siento mal, le voy a dar más importancia al pensamiento, lo voy a escuchar, porque no puedo callarlo, y más me voy a enganchar a él, más atención le voy a prestar, aunque no quiera. Pero no nos damos cuenta de una cosa: cuanta más atención prestamos a un pensamiento, más se va a quedar ahí. Imagínate que tu mente es un teatro, tus pensamientos son actores, y tú eres el espectador. Cada actor quiere salir y ser el protagonista, por lo que si el público (tú) le presta atención, seguirá ahí. Un actor bonito puede generar que el público aplauda, y se quede ese pensamiento en el escenario. Un actor divertido hará que el público se ría, y seguirá en el escenario. Pero cuando el actor es desagradable... el público también le presta atención (por lo feo que es, por las sensaciones que genera, porque nos hace llorar...), y seguirá ahí, sin irse. Date cuenta que cada vez que intentas evitar un pensamiento, te sientes mal por ello, y eso es porque le estás prestando atención, haciendo que se quede ahí durante más tiempo. Cuando te des cuenta de que está ahí ese actor, no le des mayor importancia, y se irá solo.

miércoles, 16 de agosto de 2017

NOSOTROS NO SOMOS NUESTROS PENSAMIENTOS


Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos creído que somos lo que pensamos. Vamos a ver un ejemplo para entender mejor de qué estamos hablando: Todos nos hemos enfadado con alguien... hemos sentido ira... nos hemos dejado llevar por esas emociones, y hemos escuchado nuestros pensamientos ("este tío es un...", "no la aguanto, ojalá la echen pronto", "estoy harto de él, y de cuidarlo, todos estaríamos mejor sin él"...). A veces, nosotros mismos nos damos cuenta de que estamos dejándonos llevar por lo que ha ocurrido y por lo mal que nos sentimos, y sabemos que tenemos que sacar esa rabia por algún lado. Sabemos, entonces, que es "normal" que tengamos ese tipo de pensamientos, que son algo pasajero... y ya está, no le damos mayor importancia. Pero, en cambio, hay otras veces, que no nos damos cuenta de esto. Quizá porque tenemos ese tipo de pensamientos a menudo, o porque estos pensamientos que tenemos nos resultan muy fuertes, nos creemos que si pensamos eso, es porque somos egoístas, o malas personas. En estos casos, es cuando pensamos que nosotros somos nuestros pensamientos. "Como este pensamiento es X, y yo he tenido este pensamiento, eso quiere decir que yo soy X". Pero esto NO ES ASÍ. Nuestro pensamiento nos engaña muchas veces, y ésta es una de las mentiras más grandes que nos hace creer. Vamos a conocer cómo funciona el pensamiento para entenderlo mejor y darnos cuenta de cómo nos engaña.

Cuando nacemos, no tenemos pensamiento. Es una habilidad que va surgiendo gracias a otros aprendizajes. Básicamente, el pensamiento es lenguaje, es decir, primero aprendemos a hablar. Como podemos hablar, nos comunicamos mejor con los demás y empezamos a comportarnos según las instrucciones que nos van dando los adultos que están con nosotros. Después, somos nosotros mismos los que aprendemos a irnos guiando en las tareas con instrucciones que nos vamos dando nosotros mismos (el ejemplo de un niño pequeño que hace manualidades y va diciendo en voz alta, él sólo, "ahora, voy a recortar el dibujo"...). Y, por último, aprendemos a darnos esas instrucciones sin hablar, mediante el pensamiento. Entonces, el pensamiento es algo que está ahí desde nuestra infancia, que nos acompaña en nuestro desarrollo y crecimiento, y que nos ayuda en gran medida a enfrentarnos a la vida, porque nos va guiando. ¡Por eso nos lo creemos! Si echamos la vista atrás e intentamos recordar nuestro primer recuerdo, el pensamiento ya estaba ahí. ¿Cómo no vamos a creerlo, si forma parte de nosotros? Por una sencilla razón: no somos nuestro pensamiento, somos distintos de él. El pensamiento es algo que ocurre en nuestra cabeza, pero sobre lo que no tenemos ningún tipo de control. Vamos a ver un ejemplo (dedica un momento a hacerlo, te va a sorprender):

A continuación, haz lo siguiente: NO PIENSES EN UN ELEFANTE ROSA.
Ahora, responde a esta pregunta: ¿en qué has pensado? Seguro que la respuesta que das es: en un elefante rosa. Éste es un gran ejemplo de que el pensamiento no se puede controlar. De hecho, muchas veces, cuando intentamos no pensar en algo en concreto, lo único que conseguimos es tenerlo más tiempo en la cabeza.

Ahora vamos a reflexionar sobre otra cosa: ¿qué es el pensamiento? Interpretación. Es decir: nosotros estamos constantemente recibiendo información del mundo (por el oído, la vista, el tacto...). Toda esa información llega a nuestro cerebro, y en función de lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, cómo somos nosotros mismos, cómo estamos en ese momento en concreto, las expectativas que podamos tener, etc, vamos a dar un valor a esa información que hemos recibido, vamos a interpretarlo. Un ejemplo: si vamos por la calle, y nos cruzamos con un conocido que no nos saluda, podemos pensar "¡qué desagradable! no me quiere saludar" o "no me a visto, voy a acercarme a saludarlo". Hemos hecho interpretaciones distintas de un mismo hecho, y posiblemente, haya dependido de si estábamos de mal o buen humor... Pero, realmente no sabemos si el conocido nos ha visto o no, si quería saludarnos o no, si llevaba prisa, si estaba de mal humor, o si realmente le caemos mal y no ha querido saludarnos. Y es que nunca tenemos el 100% de la información. Nunca lo sabemos todo. Entonces... El pensamiento es una interpretación que se ve afectada por múltiples factores y que se basa en parte de la información...Resumiendo: el pensamiento no es la realidad.

Y una última cosa... Si el pensamiento es algo que ocurre en nuestra cabeza, sobre lo que no tenemos control, y que no es 100% verídico... ¿Por qué creemos que somos malos/egoístas/sin corazón por los pensamientos que hemos tenido? Ahora, imagínate un aula, una clase de un colegio, con niños, niños que se pelean, niños que gritan, que insultan a los profesores, que desobedecen, que rompen las cosas de la clase, que lo ensucian todo... Y responde a esta pregunta ¿El aula es mala porque los niños sean malos? La respuesta es NO. ¿Por qué? Porque el aula y los niños son cosas distintas, y por eso, no se puede juzgar a una por lo que haga la otra. Con el pensamiento pasa lo mismo: El pensamiento es distinto de nosotros, aunque no nos demos cuenta. Nosotros no somos nuestros pensamientos.



En la próxima entrada, se comentarán algunas pautas para saber qué hacer ante los pensamientos que nos hacen sentir mal.




lunes, 19 de junio de 2017

MINDFULNESS EN EL DÍA A DÍA (4)


Puede parecer que Mindfulness es una técnica complicada, que puede requerir mucho tiempo y habilidades por parte de la persona que lo quiere poner en práctica. Pero no es así. Mindfulness, en realidad, es lo más sencillo que existe: sólo con respirar podemos practicarlo, sólo nos hace falta dirigir la atención a ese proceso.

También puede parecer una tontería... "¿atender a la respiración? ¿para qué?", podemos pensar... Pero... en realidad... ¿hay algo que nos conecte más con la vida que el aire que nos permite vivirla? Un ejemplo muy clásico para darnos cuenta de su importancia es intentar aguantar la respiración. Cuando nos falta, es cuando le damos importancia y nos damos cuenta del malestar que nos puede causar el no tenerla... Por eso mismo, quizá si atendemos a ese proceso, a cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo, podamos darnos cuenta del gran alivio que puede generarnos. Porque nos conecta con lo más hondo de nosotros mismos, porque nos hace sentir aquello que tenemos debajo de la piel, y cómo todo nuestro cuerpo cambia y se "ajusta" para recibir el aire, algo del mundo que no podemos ver, pero de lo que no podemos carecer.

Os dejo un vídeo que os va a enseñar cómo es la experiencia de practicar Mindfulness.


Muchas veces, la rutina, la prisa que tenemos, las obligaciones... nos hacen llevar un ritmo que no nos permite conectar con nosotros mismos. Tenemos que ir deprisa, en "piloto automático" para llegar a tiempo, para hacer todo lo que tenemos que hacer... Y con el paso del tiempo, nos acostumbramos a ir en "piloto automático", y dejamos de atender aquello que hay dentro de nosotros, nuestro cuerpo, nuestras emociones... Hay veces que nos enfadamos, y ni siquiera sabemos el momento exacto en el que nos hemos empezado a sentir así... o qué nos ha hecho reaccionar de esa forma...

Por eso es tan importante el practicar Mindulness, por eso nos puede ayudar, porque rompe esa rutina, porque dirige nuestra atención a algo tan importante como nosotros mismos... Aprendemos a ver cómo estamos y qué nos pasa... y junto con eso, aprendemos a darnos aquello que necesitamos, sea descanso, tiempo, comida, ocio, tranquilidad... o aceptación, o cariño. Tener paciencia con nosotros mismos, permitirnos sentirnos mal y aceptar esto, nos permite focalizarnos en aquello que nos ayuda a calmarnos.

Es maravillosa la metáfora del tarro de purpirina que sale en el vídeo. Enseña de forma muy gráfica cómo nuestras emociones, nuestros pensamientos, lo que nos agita o altera, puede cegarnos, y no dejarnos ver aquello que hay dentro de nosotros, y cómo el darnos tiempo, centrándonos en nuestra respiración, puede hacer que esa niebla termine por disiparse, y podamos, ver y ser.

Os animo a intentar poner en práctica esta actividad. Sólo hay que buscar un sitio tranquilo, sin interrupciones, cerrar los ojos, y prestar atención en cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo...su ritmo, temperatura... cómo se mueve el cuerpo para hacerlo entrar y salir,,, y cómo se mueve el resto del cuerpo por ese movimiento... Sólo tenéis que tener cuidado de una cosa: ¡no quedarse dormido!

lunes, 8 de mayo de 2017

NO TE RINDAS


Todos pasamos por momentos difíciles en algún punto de nuestra vida (problemas en el trabajo o con los estudios, problemas familiares, fallecimientos de seres queridos...), y por muy preparados que estemos para afrontarlos, a veces, nos quedamos paralizados. Por el miedo, por el dolor, por la desesperanza... A veces, cuesta hasta aceptar lo que nos ha pasado, aceptar el dolor que tenemos dentro. Y eso, nos frustra, hace que nos duela más todavía. Otras veces, sufrimos por no aceptarnos a nosotros mismos, porque hay algo en nosotros que no es lo "suficientemente bueno". O porque sentimos que vivimos en un mundo aleatorio, en el que en cualquier momento puede pasarnos algo malo, y que nosotros no tendremos control sobre ello...

¡Hay tanto dolor! ¡Tanto por lo que sufrir! Pero no nos damos cuenta de una cosa: no existe vida sin sufrimiento. No hay nadie que no haya sufrido nunca, ni lo habrá. Pero no todo es negro. Hay muchas razones que hacen que la vida sea hermosa. Y en esos momentos de dolor, cuando esto se nos olvida, nos puede ayudar leer un poema muy motivador...

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
– Mario Benedetti

Este poema nos recuerda que siempre sigue habiendo razones. Eso de "si hay vida, hay esperanza". Si sigues adelante, sigues teniendo oportunidades. Pero, además, nos dice cómo hacerlo: aceptarnos a nosotros mismos, olvidarnos de nuestros miedos, quitarnos aquello que no nos deja avanzar... y volar
Nos enseña cómo es la vida. No es sencilla. Nuestros sueños no van a cumplirse solos. Y vamos a ser nosotros los que busquemos solución a los problemas que nos surjan. Y que tendremos que afrontarlos aunque cueste, porque si estamos vivos, todavía tenemos fuerza dentro de nosotros, todavía podremos enfrentar lo que nos llegue. 
Nos recuerda que aunque no podamos controlar todo lo que nos ocurre, sí tenemos opción de cambiar muchas cosas en nuestra vida. Sólo hace falta desear.
Nos recuerda, también, la fuerza del amor, la motivación que nos da el sentirnos queridos y acompañados en la vida. El amor es una de las grandes fuerzas motivacionales que existen.
Nos habla de la paciencia. De darnos tiempo a nosotros mismos para que el dolor disminuya. El tiempo es muy necesario para que se acepte lo que ha pasado, el dolor que eso nos provoca, y podamos enfrentarnos al problema, o bien, aprender a vivir con las nuevas circunstancias que nos sobrevienen. Y cuando haya pasado ese tiempo, estaremos listos para entregarnos de nuevo a la vida, para experimentarla, para avanzar, para conocer, para disfrutar, para intentar...

Para cualquier cambio que nos lleve a avanzar, es necesario estar motivados. Si nos falta la motivación, podemos buscarla.

miércoles, 3 de mayo de 2017

NADIE ES PERFECTO... PERO YO QUIERO SERLO


La autoestima podría definirse como la valoración que hacemos de nuestra persona, de nuestras habilidades, de nuestras capacidades. Como es una percepción, nunca es real. Es decir, es una interpretación que nosotros hacemos, por ejemplo, sobre cómo de buenos somos cocinando. Una persona puede pensar que se le da bien cocinar porque no se le quema la comida, o la hace en su punto de sal. Otra, en cambio, puede cocinar bien pero pensar que no es buena cocinera porque hace platos poco elaborados. Y otro, puede pensar que es un cocinero mediocre porque no inventa nuevas recetas, como los cocineros famosos.

Sin embargo, aunque las percepciones que tengamos de nosotros mismos nunca son reales, nos las creemos a pies juntillas. Y al tratarse de algo tan íntimo como nuestro propio valor, es algo muy importante para nosotros. Por eso, queremos ser los mejores, queremos ser valiosos y apreciados por los demás. De hecho, nos puede provocar mucho sufrimiento que una persona nos diga algo negativo de nosotros mismos, porque nos hace sentir que no somos tan buenos.

¿Qué podemos hacer cuando nos sintamos mal por algo que nos a dicho alguien o que nosotros mismos pensamos? 

1ª Darnos cuenta de que eso que nos han dicho, o que pensamos, tan sólo es un juicio, una opinión, un pensamiento. Es una percepción. Si pensamos que somos los peores, tontos, feos, sosos; que nunca podremos mejorar, que no somos capaces de hacer algo... NO ES LA REALIDAD. 

2ª Darnos cuenta de que nadie puede ser perfecto. Todos tenemos habilidades, más o menos desarrolladas. No existe ninguna persona que sea experto en todo. Así que no tendría sentido querernos menos por no saber hacerlo todo, o hacer algo mal. ACEPTÉMONOS TAL COMO SOMOS.

3ª Darnos cuenta de que nuestras capacidades dependen en gran modo de la práctica. Es decir, podemos mejorar. Sólo nos hace falta motivación y ponernos en marcha. ABANDONEMOS LA RESIGNACIÓN.

4ª Si alguien nos dice algo de nosotros que hiere nuestra autoestima...
    a) ¿Nos lo dice sólo por criticar? Entonces, no le demos mayor importancia a esa persona ni a sus comentarios. Alguien que sólo nos aporta cosas negativas no es buena para nosotros.
    b) ¿Puede que le haya molestado algo que hemos dicho o hecho? ¿Cree que podríamos mejorar algo para nuestro propio beneficio? En este caso, nos puede ser productivo escuchar su opinión y reflexionar sobre ello. Aceptar las críticas de los demás nos puede servir para darnos cuenta de aspectos mejorables de nuestro comportamiento. Y esto, nos permite poder cambiarlo.

Y aquí os dejo unos ejemplos de cosas que todos podemos hacer para ayudarnos a sentirnos mejor con nosotros mismos:
  1. Meditar o practicar la atención plena (os dejo un enlace de una entrada antigua que os puede ayudar a conocer en qué consiste http://compartirpsicologia.blogspot.com.es/2016/09/mindfulness-atencion-plena-para-novatos.html )
  2. Hacer actividades que nos hacen sentir bien: escuchar música, bailar, cantar, salir, un baño caliente, cocinar, hacer ejercicio, hablar, hacer manualidades... Esto nos ayuda a desconectar y a darnos cuenta de las cosas positivas que tenemos en nuestra vida.
  3. Podemos hacer una lista que nos ayude a recordar todas esas cosas que hemos logrado a lo largo de nuestra vida. Por ejemplo, logros académicos, competiciones, cosas que hemos aprendido o en las que hemos mejorado. O cosas positivas que nos han dicho los demás de nosotros. Podemos, incluso, hacer un álbum, un cuaderno, o una caja, donde vayamos guardando cosas que nos recuerden lo valiosos que somos. Por ejemplo, fotos de nuestra graduación, vídeos de cuando aprendimos a nadar o a montar en bici, trabajos o exámenes, la partitura de la primera canción que aprendimos a tocar, una foto de los primeros macarrones que hicimos solos... También podemos guardar fotos de las personas que nos hacen sentir bien, y apuntar, por detrás, momentos que hemos pasado con ellos o cosas buenas que nos han dicho de nosotros mismos.
  4. Abrazarnos: sentirnos queridos, nos hace sentirnos valiosos. Y, además, si el abrazo nos lo damos nosotros mismos, nos puede ayudar a conectar con nuestros sentimientos, a perdonarnos por nuestros errores y a aceptarnos tal como somos.
  5. Ten en cuenta que el esfuerzo, la tenacidad, es algo muy valioso en una persona, pero no se le suele dar la importancia que realmente tiene. Apunta en un cuaderno, todos los días, una cosa en la que te hayas esforzado, aunque haya sido ir a trabajar, hacer la compra, tareas en casa... No importa la actividad, lo que importa es tu esfuerzo. Siéntete orgulloso de haberlo hecho a pesar del cansancio o de la falta de ganas, y date cuenta de las pequeñas cosas que consigues todos los días, gracias a ello, a tu tenacidad... gracias a tí.

lunes, 24 de abril de 2017

NO SOMOS SUPERHÉROES


Todos tenemos la idea de que quien sobresale, quien es más listo, quien hace mejor una determinada actividad, es mejor que el resto de la gente. Se premia lo que destaca frente a la normalidad... o la mediocridad. Tenemos la idea de que quien es "normal", en realidad es "mediocre". Los subestimamos. No valoramos con buenos ojos sus capacidades o su esfuerzo porque no son tan buenas como las de los otros.

A todos nos gusta lo mejor. Nos enseñan de pequeños a admirar a los que ganan, a los mejores. ¿Cuántos seguidores tienen los grandes equipos de fútbol? ¿Y, en cambio, los equipos locales? ¿Acaso son mejores en todos los aspectos los jugadores profesionales que quienes tienen que dedicarse a otra profesión y sacar tiempo a parte para poder entrenar?

Al mismo tiempo, crecemos con las exigencias de nuestros padres. Tenemos que sacar buenas notas, en todo. Si se nos dan mal las matemáticas, nos apuntan a una academia. Cueste lo que cueste, hay que sacar buenas notas. Nos volvemos esclavos de las exigencias... y de las comparaciones... Porque los padres conocen a más niños de nuestra edad, y siempre, alguno, sobresale. Las comparaciones son odiosas, eso lo sabemos todos. Pero no nos damos cuenta que las exigencias de rendimiento también son comparaciones. Si nuestro rendimiento es "bueno" o es "malo" es porque lo estamos comparando con algún punto, con alguna referencia, que alguien marca. Y eso, frustra. Nos hace luchar contra algo que cuesta, y desgasta.

Y así, crecemos con la idea de que tenemos que rendir en todos los aspectos. Tenemos que hacerlo todo bien. Si queremos triunfar, tenemos que ser el mejor de nuestra promoción. Tenemos que saber inglés, porque los idiomas son muy útiles y necesarios hoy en día. Tenemos que hacer deporte, aunque pasemos 12 horas fuera de casa por el trabajo.

Cuanto más cosas haces, más valor tienes. Más admiración recibes de los demás. ¡Qué grato es que te digan "yo no podría hacerlo tan bien como tú"! O eso de "¿y cómo te da tiempo a hacer tantas cosas?"

Nos gustan los halagos de los demás. Y como queremos que nos halaguen... nos esforzamos. Pero al crecer con estas ideas, llega un punto en que ya no sólo lo hacemos porque consigamos que los demás nos den atención o aprecio... lo hacemos porque creemos que tenemos que hacerlo. Tenemos que trabajar, hasta el punto de dejarnos la piel en el trabajo. Tenemos que hacerlo todo perfecto, destacar, para ascender, o para que no nos despidan. Y pasamos así todos los días.

¿Por qué es tan doloroso que nos despidan? Incluso sin tener necesidades económicas, nos duele. Porque creemos que ya no somos valiosos para la empresa, que no hemos hecho las cosas bien. Aunque hayamos echado horas extra sin cobrarlas, o hayamos hecho trabajos que corresponden a otros puestos... si nos echan, nos echamos nosotros mismos la culpa. Pensamos que tendríamos que haber sido más rápidos, más ingeniosos, más efectivos... Nos causamos dolor a nosotros mismos porque nos valoramos menos de lo que realmente merecemos. Porque nos han enseñado a valorar sólo los resultados, no el proceso, ni el interés, ni el esfuerzo.

Se nos olvida que somos personas de carne y hueso, o directamente, no queremos serlo. Queremos convertirnos en algo que no somos: superhéroes. Y luchar contra eso, sólo nos genera sufrimiento.

Si aceptamos nuestras capacidades al mismo tiempo que nuestros defectos, podremos encauzar nuestra vida hacia actividades y exigencias que estén a nuestro alcance. No quiero decir que no intentemos conseguir metas, si no darnos cuenta de que no todas podremos alcanzarlas... pero muchas de ellas, sí. Si nos dirigimos hacia aquellas que supongan un reto, pero que con esfuerzo e interés las podamos conseguir, nos sentiremos mucho más satisfechos y realizados que esforzándonos por algo inalcanzable, que sólo nos hará sentir frustración. 

Abandonemos la necesidad del hacer. No se es peor por estar en paro o por no tener ninguna actividad o meta que cumplir. Aceptémonos. Disfrutemos de la vida tal cual nos llega. La vida no es una competición, sólo un camino.

martes, 11 de abril de 2017

PREJUICIOS

El pensamiento humano funciona a partir de categorías. Es decir, agrupamos las cosas en grupos, porque eso nos ayuda a organizar lo que sabemos y a entender mejor cómo funciona el mundo. Por ejemplo, sabemos que un avión es un medio de trasporte, al igual que un barco o un coche. Eso nos ayuda a saber la finalidad que tiene ese objeto. O saber que un gato es un ser vivo, nos sirve para saber que se alimenta, crece, se reproduce, y muere, al igual que lo hace un perro o una planta... pero que es distinto, por ejemplo, que una silla.

El "tener" todos nuestros conocimientos organizados en categorías o grupos, permite a nuestro cerebro funcionar más rápido. Así, le es más sencillo buscar la información que necesita, porque sabe a qué categoría pertenece y, además, todas las categorías están relacionadas unas con otras, por lo que tiene otra mucha información disponible que puede ser de utilidad. Por ejemplo, si se nos estropea el coche, sabemos que tenemos que llevarlo a un mecánico (son dos conceptos distintos, que están en categorías distintas, pero que están relacionados).

Por esto nos es tan útil la forma en que nuestro cerebro organiza la información que aprendemos del mundo, porque nos facilita el desenvolvernos en él, el adaptarnos a los cambios gracias a esos conocimientos y el poder buscar una solución rápidamente a las dificultades que se nos presentan.

Sabemos conducir distintos coches porque sabemos que todos funcionan igual. Damos patadas a los balones porque son redondos y sabemos que rodarán si lo hacemos. Y de esta misma forma, aprendemos a relacionarnos con las personas.

Todos clasificamos a las personas según distintas categorías (que varían según la importancia que le dé cada uno a ciertos aspectos). Todos lo hacemos. Es algo normal, porque nuestro cerebro ha aprendido evolutivamente a hacerlo. Cuando una persona "mete" dentro de una categoría concreta a otra, surgen expectativas sobre cómo esa persona se comportará en determinadas situaciones, porque la categoría en la que está metido la relacionamos con algunas ideas. Por ejemplo, una persona puede pensar que una chica que se ha teñido el pelo de rubio es superficial y tonta, porque lo eran las niñas de su instituto que se teñían el pelo de rubio. Esto es un prejuicio (un juicio que hacemos de otra persona antes de conocerla, sin tener la información necesaria para saber si es real o no la opinión que nos hemos creado).

El caso es que es muy sencillo que los prejuicios aparezcan, porque nos hacen el mundo más "sencillo". Si pienso que una persona con determinado aspecto puede ser peligrosa, no me acercaré a ella, y me sentiré tranquilo por haber evitado un problema. 

Lo malo de los prejucios es que nos hacen juzgar por la superficie. Es el exterior, el aspecto, lo que nos da a entender si algo es bueno o no para nosotros. A simple vista, no podemos ver si una persona es más o menos inteligente. Esto nos impide hacer categorías y prejuicios de cómo se comportan los que son listos y los que son tontos. Pero es muy sencillo distinguir a las personas por el color de su pelo, de su piel o por la ropa que llevan puesta. Si van con traje, pensamos que van a trabajar a una oficina y que son personas "importantes". Podremos pensar, en ese caso, que es una persona inteligente, aunque no tiene por qué serlo. El caso es que lo trataremos como si lo fuera, y evitaremos "malas compañías" sólo por su aspecto. Rechazaremos a gente sólo por su nacionalidad, su religión, su piel, su ropa... Esto hace daño a aquellos que son rechazados. Realmente, rechazamos, evitamos, huimos y hacemos daño a personas sin llegar a conocerlas, sólo por la impresión que nos dan. Pero no nos damos cuenta de que ellos comparten con nosotros mismos muchas más cosas de las que nos diferencian.

Todos somos seres humanos. Todos nacemos de una madre y un padre. Todos tenemos órganos. Todos tenemos corazón. Todos tenemos sentimientos. Todos tenemos seres queridos. A todos nos quiere alguien. Todos tenemos necesidades. Todos tenemos problemas. Todos tenemos ideas y opiniones. Todos respiramos.

Una persona no puede describirse por una sola característica. Una persona es muchas cosas a la vez. Y es injusto que sean tratados sólo por una de ellas, que en muchas ocasiones, no puede elegirse, si no que le viene dado a la persona desde su nacimiento.

Démonos cuenta de los prejuicios que tenemos. Y no los hagamos caso. Si rompemos nuestros prejuicios, conoceremos un mundo más grande, más igualitario y más humano.

Os dejo un vídeo que encontré hace tiempo y que expresa muy bien esta idea: compartimos por dentro mucho más de lo que nos distingue por fuera.




lunes, 6 de marzo de 2017

EL PODER DE LA DEPRESIÓN


Hace tiempo, vi este cortometraje que hoy quiero compartir. Ilustra muy bien un problema muy común que nos puede pasar a cualquiera, en algún momento, a lo largo de nuestra vida: la depresión.


Hay personas que confunden la depresión con la vagancia, con la tristeza... Piensan que es una excusa para no ir a trabajar, que no es para tanto, que ellos también tienen problemas y siguen adelante... Estas personas no entienden el calado de la depresión en la vida de una persona. La depresión no es "una simple tristeza", es la tristeza multiplicada por 1000.

Como se ve en el vídeo, la depresión puede surgir por un problema cualquiera. A veces es más pequeño, otras, más grande. El caso es que, ese estado de malestar, nos quita las ganas de hacer aquellas cosas que nos gustan, que nos apasionan. Nos aleja de aquello que nos hace sentirnos bien (por ejemplo, tocar un instrumento). Y como nos vamos alejando de aquello que nos hace felices, cada vez estamos más desanimados. Cada vez tenemos menos ganas. Dormimos peor, nos alimentamos peor. El cuerpo no tiene fuerzas para enfrentarse a la vida diaria. Y como se hacen menos cosas, tenemos más tiempo para pensar. El problema es que pensando, sólo hacemos más grande el problema, entramos más en él. Es como adentrarse más y más en una cueva cada vez más oscura. Hasta que llega el momento en el que nos giramos, y no vemos nada, no sabemos dónde estamos, y mucho menos, cómo podemos salir de ahí.

Además, ese horrible estado está siempre presente. No se desvanece temporalmente. SIEMPRE está ahí, día tras día. Por eso, algunas personas intentan evadirse de él consumiendo alcohol y/o drogas. Pero esto no hace más que aumentar los problemas de la persona a largo plazo.

La depresión afecta a todos los aspectos de la vida de la persona, porque está siempre presente. Afecta en la vida social, porque la persona se retrae, deja de salir, deja de hablar con los demás... Afecta en su trabajo, porque no está pendiente de lo que hace, porque está cansado y no rinde... Hace que la persona se abandone (deja de cuidarse, de preocuparse por su aspecto, de preocuparse por sí mismo). Él/ella sólo pueden pensar en lo horrible que es su vida, en lo terrible de lo que les ha pasado... Se obsesionan con ello y no pueden pensar en nada más... Como cuando Floyd se aferra una y otra vez al anillo que había comprado, y su problema crece, y crece, y crece, y lo desborda todo.

Por todo esto es tan dura la depresión. Pero se puede salir de ella, encontrando un motivo, algo que nos vaya devolviendo poco a poco la confianza en la vida, en nosotros mismos. Ese instrumento que nos haga sentir tranquilidad, bienestar, que nos haga sonreír. Y agarrarnos a ello. Nuestra salvación puede ser una afición (leer, bailar, hacer deporte, pintar, escribir...), una mano amiga, un animal, cumplir nuestros valores (por ejemplo, hacer voluntariado, cuidar de alguien, lograr nuestros objetivos, ser honestos)... Cuanto más rica sea nuestra vida (es decir, cuantas más actividades realicemos, más personas tengamos cerca, que nos hagan sentir bien), más fuertes seremos ante la depresión, porque tendremos más cosas a las que agarrarnos para no perdernos en la cueva.

Si te sientes mal, no te quedes en casa. Sal, baila, canta, habla, cocina, lee, escucha, juega, abraza, corre, besa... No dejes que crezca la tristeza en ti. Y si no puedes hacerlo solo, busca ayuda. Todas las cuevas tienen salida, sólo hay que encontrarla.

martes, 31 de enero de 2017

LOS CUENTOS TAMBIÉN CURAN


Los psicólogos podemos utilizar distintas formas de trabajar con un paciente, dependiendo, principalmente, del problema que se aborde, las características del propio paciente, y las habilidades y conocimientos del psicólogo. Esto, permite ajustar la intervención a cada caso concreto.

Una de esas herramientas que podemos usar en una intervención son las metáforas. Existen metáforas publicadas, bastante conocidas, que abordan problemas generales y comunes. Otras, pueden ser hechas por el propio psicólogo, para adaptarlas al caso concreto. Así, se pueden aumentar las similitudes entre la metáfora y lo vivido por la persona.

Las metáforas se usan, sobre todo, para ayudar a la persona a entender y darse cuenta de qué es lo que le ha pasado, cómo ha actuado o pensado, y cómo su problema ha ido apareciendo. Porque después de presentar la metáfora al cliente, se le hacen preguntas para que reflexione sobre la metáfora, y lo pueda relacionar con su experiencia propia.

Tengamos en cuenta que el leer un cuento al paciente no va a solucionarle sus problemas, pero sí ayuda en gran medida a que él mismo entienda qué le pasa, porque en algunos casos, la persona sabe que algo está mal en su vida, pero no sabe qué es lo que está mal. Y si no se entiende el problema, no se entiende para qué se trabaja en las sesiones, y esto, dificulta la intervención.

Por esto mismo, es un paso primordial el acercar a la persona a su problema. Y hacerlo desde otra perspectiva, como si fuera un cuento, como si se hablara de otra cosa, puede alejarle de ese cristal que no le deja ver qué le pasa. Verlo de otra forma, le ayudar a entenderlo y a entenderse.

Voy a dejar una metáfora que escribí para un caso, como ejemplo.


UNA MAÑANA CUALQUIERA

"En un pueblo cercano a la capital, vivía una chica llamada Ana. Era una de esas chicas que, sin ser especialmente guapa, llamaba la atención de todo aquél que pasaba a su alrededor. Ana tenía un cabello brillante y sedoso, una sonrisa sincera, y unos ojos alegres que contagiaban a todos los que los miraban.

Ana llevaba una vida normal, de la que disfrutaba mucho, aunque, como todo el mundo, pasaba por algunos momentos difíciles. Cuando estaba muy estresada, a Ana la solían salir espinillas, pero se le quitaban solas a los pocos días.

Un día, Ana se levantó con una pequeña espinilla en su mejilla. No le dio mayor importancia, pensando que se le quitaría pronto, y se marchó a trabajar. A la mañana siguiente, la espinilla seguía igual, y eso le extrañó a Ana. Decidió no tocársela, pero se fue preocupada al trabajo. Por el camino, la gente la saludaba y la piropeaban como siempre, pero Ana no los hacía caso, porque iba pensando en la espinilla que tenía en la mejilla. Al tercer día, la espinilla tampoco se había ido, así que Ana, desesperada por los nervios, intentó explotarla, pero no lo consiguió. Pasó el día tocándose el grano, para notar si se había hecho más pequeño o no, y no prestó atención a la gente que intentaba hablar con ella.

Así pasaron los días, y la espinilla cada vez era más grande. Ana intentaba quitársela todas las mañanas, pero no lo lograba, y empezó a utilizar maquillaje para disimularlo, aunque seguía pensando que su espinilla se notaba mucho.

En el trabajo, sus compañeros, al principio le quitaron importancia, y le dijeron que estaba tan guapa como siempre. Pero como Ana siempre estaba preocupada por su espinilla, empezaron a dejar de saludarla, porque ella, o no les hacía caso porque estaba mirándose la espinilla con un espejito, o sólo les hablaba de lo horrible que era su espinilla.

Con el paso del tiempo, Ana perdió sus amistades y su trabajo, porque no atendía a otra cosa que no fuera su espinilla. Y por su preocupación, perdió lo que realmente la hacía bella: su alegría y su amabilidad."


¿Qué le dirías a Ana si la tuvieras delante? ¿Qué puedes aprender de lo que le pasa a Ana en la metáfora? ¿Te ha pasado algo parecido alguna vez? ¿Qué podrías hacer tú si te pasa algo parecido?

domingo, 4 de diciembre de 2016

PROFECÍA AUTOCUMPLIDA


Se llama profecía autocumplida a un fenómeno estudiado desde la Psicología: cuando pensamos que algo va a pasar, nos comportamos de tal forma que hacemos más probable que eso ocurra. 

Para explicarlo de forma sencilla, y reflexionar sobre las consecuencias que puede tener, he inventado esta historia:

MENGANITO Y SUS PROBLEMAS

Menganito era un chico normal, con una vida normal. Había estudiado, trabajaba cuando podía, de lo que podía. Tenía amigos con los que salía a menudo, y una familia con la que tenía sus más y sus menos, pero que lo querían. Pero Menganito siempre tenía problemas. Por ejemplo, Menganito desconfiaba de la gente, y siempre que tenía que hablar con personas desconocidas, se comportaba de forma desagradable y borde, por lo que siempre terminaba discutiendo por cualquier tontería. Siempre le costaba encontrar trabajo y se preocupaba mucho cuando lo encontraba, pensando que le iría mal por cualquier cosa... y al final, siempre le terminaban despidiendo.

Una noche, Menganito tuvo un sueño muy extraño. Soñó que venía a verle el fantasma de sus problemas. Era un anciano arrugado, con la cabeza enorme, y el cuerpo consumido en los huesos. Le dijo a Menganito que le iba a llevar a ver el pasado, el presente, y el futuro. En el primer viaje, fueron a la empresa donde Menganito estaba trabajando. Era el día de la primera entrevista de trabajo. Menganito, al darse cuenta, dijo: "¡qué mal rato pasé! Estaba seguro de que no me iban a coger". Vieron a las entrevistadoras hablando de los candidatos, antes de comenzar con las entrevistas, y de Menganito dijeron: "tiene más experiencia que el resto, seguramente sea el mejor candidato". Menganito se sorprendió puesto que él no confiaba en sí mismo nunca, y se dio cuenta de que se había preocupado por la entrevista sin tener motivo. Pero el viaje no terminó ahí... Vieron la entrevista. Menganito estaba muy inquieto, y se enteró mal de lo que le decían y preguntaban, se le veía nervioso y con ganas de marcharse. Al finalizar la entrevista, Menganito no fue elegido, pero lo contrataron porque los demás candidatos rechazaron el puesto. Las entrevistadoras decidieron darle una oportunidad. El fantasma le dijo a Menganito: "Te preocupaste tanto que lo hiciste peor de lo que podías hacerlo. Si no fuera por cómo se comportaron los demás, hoy no tendrías trabajo". Y sin más palabras, le llevo al presente. Era la casa de su jefe. Estaba hablando con su pareja, contándole cómo había ido el día: "El chico nuevo... bueno... no se si pone interés, tarda mucho en hacer tareas sencillas. No sé si le interesa el puesto". Menganito, al oírlo, dijo: "Tardo porque me da miedo hacerlo mal y que me despidan... no estoy seguro al hacer las cosas y las reviso... Además, sé que me van a terminar despidiendo... así que no me esfuerzo mucho a veces". En un segundo, estaban en otro sitio. Era el viaje al futuro. Estaban otra vez en la empresa. Habían llamado a Menganito para una reunión con el departamento de Recursos Humanos. "Menganito, lo lamento, pero hemos decidido que no sigas trabajando con nosotros. Hemos estado viendo cómo te desenvuelves y no has mejorado en todo este tiempo. No has sido resolutivo y has tardado mucho en hacer algunas tareas muy sencillas. Así que éstos son los papeles del despido". Menganito se quedó mudo, atemorizado por ver cumplido aquello que tanto había temido. Se volvió al fantasma y dijo: "Sabía que no lo iba a conseguir". Y el fantasma le contestó: "El futuro no está escrito. Éste es uno de los múltiples finales que pueden ocurrir. En tus manos, y en tu cabeza, está la posibilidad de cambiarlo". Menganito no le entendía, no sabía qué podía hacer. Antes de desaparecer, el fantasma le dijo: "Para cambiar tu forma de actuar, primero debes saber qué te hace actuar así".

Menganito se despertó, empapado en sudor y desorientado. No sabía si lo que había ocurrido era o no verdad, si había sido un sueño... y si ya había despertado o no. Se pellizcó, fue a beber agua. Pensó que sólo había sido un sueño, y se fue a dormir. Pero no consiguió conciliar el sueño, sólo pensaba en el despido.

Unos días más tarde, le dijeron que pasara por las oficinas de la empresa, y ocurrió exactamente lo que pasó en el sueño del viaje al futuro. Regresó apenado a su casa, pensando en todo lo que había pasado, sin saber qué podía hacer. Se quedó toda la noche despierto, esperando que el fantasma apareciera para preguntarle qué debía hacer. Pero no llegó. Menganito pasó días pensativo, recordando todo lo que le había dicho el fantasma. Y finalmente, se dio cuenta de que al tener miedo a que no le contrataran o le despidieran después, iba nervioso, daba peor impresión y rendía menos porque tardaba más de la cuenta en hacer el trabajo porque lo hacía sin ganas... Un trabajo que él sabía hacer perfectamente. Así que decidió no creer más que le iba a ir mal en la vida. Y, a partir de ahí, le fue un poquito mejor.

Fin.

Solemos imaginarnos cómo nos van a ir las cosas. Pensamos qué cosas queremos lograr u obtener, y nos da miedo, o nos preocupamos, cuando creemos que no lo alcanzaremos. A veces, esas preocupaciones son tan grandes que empeoran la situación, nos hacen ser menos productivos o menos resolutivos, y aparecen problemas que nos alejan de aquello que queríamos. "Ya sabía yo que no lo iba a lograr". Ese pensamiento lo hemos tenido todos en algún mometno de nuestra vida. Pero no nos damos cuenta de que, en realidad, no sabemos nada. Sólo nos dejamos llevar por nuestros pensamientos. Otro ejemplo sería cuando discutimos con otra persona, porque pensamos que nos va a criticar, nos va a juzgar o nos va a hablar mal, y somos nosotros mismos quienes comenzamos la discusión, porque le hablamos mal, anticipando esa mala respuesta que esperamos del otro. "Ya sabía yo que me iba a decir algo malo/ que se iba a meter conmigo... etc".

A veces, somos nosotros mismos quienes hacemos más probable aquellas cosas que no queremos que ocurran, sólo porque pensamos que van a ocurrir. Paremos un momento, y actuemos con calma y con tranquilidad. Sepamos que nos podemos equivocar y no adelantemos acontecimientos. Quizás las cosas vayan mejor entonces.

domingo, 30 de octubre de 2016

EN BUSCA DE... ¿LA FELICIDAD?

Todos queremos ser felices. Si consideramos que no somos felices, nos deprimimos. Necesitamos tener un día perfecto para tener la impresión de que la felicidad ha existido. Pero, ¿qué es la felicidad? Buscando en Internet, encuentro esta definición: "Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno". Esta definición tiene tres aspectos clave:
  1. Sentirse plenamente satisfecho
  2. Gozar de lo que desea
  3. Disfrutar de algo bueno
El sentirse plenamente satisfecho implica varias cosas. Por una parte, para sentirnos satisfechos, tenemos que tener ciertas expectativas "de satisfacción". Es decir, yo no puedo saber si estoy o no satisfecho si no tengo una idea de qué es estar satisfecho o no estarlo, o qué necesito para estarlo. Por decirlo de otra manera: nos basamos en ideas preconcebidas, que, en la mayoría de las veces, no hemos reflexionado sobre ellas, para saber si estamos o no satisfechos. Pero, además, parece que no sirve con estar satisfechos. Para ser felices hay que estar plenamente satisfechos, se tienen que haber cumplido esas expectativas en alto grado. 

Esto me lleva a la idea de que el ser humano, o nuestra cultura, no aprecia las pequeñas alegrías de la vida. "Si no soy plenamente feliz, no soy feliz". Eso parece que es lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida. Nos formamos expectativas muy altas, las mejores, y soñamos con lograrlas. El problema es cuando esas expectativas son prácticamente inalcanzables. Entonces, nos estaremos lanzando a una vida larga, que nos resultará inaguantable y muy frustrante.

Porque... ¿qué deseamos? Podemos hacer una lista muy larga de deseos, por ejemplo: ser millonario, encontrar al "hombre perfecto", trabajar en mi vocación, tener un cochazo, hacerme una casita en la sierra con piscina, tener una gran familia, irme de compras todas las semanas... Está bien tener claro qué cosas nos harían felices, pero en la mayoría de los casos nunca se nos ocurre pensar qué ocurre en nuestro día a día que nos haga feliz. Nos olvidamos de esa parte, como si no existiera. De hecho, podemos vivir muchos aspectos positivos a diario y pensar que somos infelices, porque nos olvidamos de ellos, sólo pensamos en "el coche que no me puedo comprar", en "el jefe que no valora mi trabajo" o en que "esta semana tampoco me ha tocado la lotería".

Y, por fin, al final de la definición, aparece la idea de que disfrutar de "algo bueno" (algo que parece que no está definido en nuestras vidas, algo que ocurre porque sí). Eso también nos hace felices. Y démonos cuenta de algo: las personas tenemos capacidad para actuar e influir en nuestro ambiente y en nuestra vida, podemos tomar decisiones, cambiar de opinión y hacer cambios en nuestras vidas, pero no podemos controlarlo todo. Podemos madrugar mucho para no llegar tarde al trabajo, pero puede haber un accidente que produzca atascos, por ejemplo. La vida es impredecible, aleatoria en cierto modo. Nos trae cosas buenas y cosas malas. Al igual que no podemos evitar llegar tarde al trabajo algunos días, podemos encontrarnos dinero por la calle, o encontrarnos a un viejo amigo...

La vida está llena de sorpresas o de rutinas simples que pueden alegrarnos el día. Lo importante es intentar fijarse en esas cosas, que no pasen desapercibidas, para poder disfrutarlas. Aprender a ser felices, aunque no estemos plenamente satisfechos. Nunca seremos plenamente felices, se nos irá la vida esperando que llegue nuestra idea de felicidad plena. Siempre habrá algo en nuestras vidas que no nos guste o nos provoque sufrimiento. Así que no busquemos la felicidad plena, porque no existe. Disfrutemos de los buenos momentos de la vida, que no son pocos.

Y si tenemos un mal día, hagamos algo para y por nosotros, démonos ese capricho que necesitamos, sea descansar, pintar, bailar, comernos un capricho, jugar a algo, salir, charlar, caminar... busquemos un poquito de felicidad cada día. Que no se nos olvide sonreir.


domingo, 16 de octubre de 2016

CUANDO TE DICEN "NO PUEDES"

A todos nos ha ocurrido alguna vez que alguien nos ha dicho que no podríamos lograr algo. Todos tenemos sueños, metas, ilusiones que alcanzar, pero, a veces, tenemos miedo de compartirlas con los demás por esa frase que convierte nuestras metas en humo: "no lo vas a lograr" o "eso es imposible/muy difícil". Cuando nos dicen esto, empezamos a dudar, desconfiamos de nosotros, y de la viabilidad de nuestro proyecto. Y la duda puede ser esa grieta que va creciendo lentamente hasta convertirlo todo en pedazos.

Estamos acostumbrados a creernos lo que los demás nos dicen. Crecemos oyendo que somos buenos en algunas cosas... pero, generalmente, nos dicen más veces aquello que se nos da mal. Si algo se nos dio mal la primera vez y nos lo dijeron, la siguiente vez creeremos que ocurrirá lo mismo, y lo haremos con miedo, lo que no nos ayuda a mejorar. 

Si en el colegio se nos daba bien plástica, pero mal inglés, nos apuntaban a clases de inglés, pero no a pintura. Y, a la larga, terminamos pensando que aquello que se nos da mal no podremos mejorarlo nunca. Si nos cuesta el inglés de pequeños, aprendemos a que no nos guste. Porque no es, simplemente, algo más que hacemos en el colegio, es eso que tenemos que ir a hacer después del colegio, y que se nos da mal, y que nos cuesta, y se convierte en una obligación, en algo que no nos aporta nada positivo, pero por lo que tenemos que esforzarnos a diario. Perdemos toda motivación y rendimos menos. Y así, aprendemos que hay cosas en la vida imposibles para nosotros. 

Aprendemos que no tenemos ciertas habilidades, y lo convertimos en alguno interno, algo propio de nosotros mismos: pensamos que somos torpes, mediocres, simples... y que no podemos cambiarlo. Así, cuando tenemos que enfrentarnos a nuevos retos en nuestra vida, pensamos en esas limitaciones que tenemos: "soy tímido... no se me va a dar bien la entrevista..."; "quiero empezar un negocio... pero soy un negado para las cuentas...". Nosotros mismos nos cortamos las alas, creamos muros altísimos ante nosotros que creemos que no podemos superar, pero ni siquiera nos acercamos para ver si podemos treparlos o no. Y no nos damos ni cuenta de que quizá podemos pasar esos muros de otra forma...

Todos tenemos habilidades. Todos somos buenos en algo. Pero generalmente, nos olvidamos de ello. Quizá no se nos den bien las cuentas, pero podemos buscar a alguien que nos explique o nos ayude con ello. Quizá seamos tímidos, pero podemos tener un buen curriculum/experiencia que nos avale en la entrevista. Y lo más importante de todo: tenemos MOTIVACIÓN. No hay nada que nos haga crecer tanto como el tener ganas de lograr algo. Por mucho que tengamos que trepar, por mucho que nos duelan las yemas de los dedos o se nos cansen los brazos, o nos caigamos, si estamos motivados: llegaremos. No importa caerse, y mucho menos cuántas veces pase eso. Podemos seguir intentándolo, y lo conseguiremos. Cada vez que nos caigamos, será una lección de algo que no debemos hacer la próxima vez. Nos ayudará a hacernos más fuertes y experimentados, y el siguiente intento, será mejor. Y es que hay algo que no sabemos: podemos cambiar. No somos personas iguales a lo largo de toda nuestra vida... si no que aprendemos, crecemos, nos adaptamos y adquirimos nuevos comportamientos... formas de pensar... Pero no nos damos cuenta de ello. Cambiamos despacio, y no percibimos esos cambios. Por eso pensamos que no podemos cambiar. Pero todos cambiamos, cambia nuestro cuerpo y cambia nuestro cerebro.

Y otra cosa que nos suele echar para atrás es el compararnos con los demás. Crecemos viendo cómo nuestros compañeros sacan mejores notas sin esfuerzo. Vemos a familiares chulear de lo buenos que son sus hijos. Nuestros padres nos comparan con nuestros hermanos o primos. Y aprendemos que hay cosas que hacemos mal porque otros las hacen mejor. El que algo nos cueste más que a los demás no quiere decir que seamos peores que ellos, sólo demuestra que nosotros somos fuertes y valientes, porque seguimos intentándolo. El que algo sea difícil y se intente, demuestra motivación, tenacidad, valor. Es tomar el camino largo pero el que más nos puede llenar y hacer rica nuestra experiencia. No nos quedemos en el camino fácil por miedo, porque cuando lleguemos al final, nos acordaremos de ese otro camino que podíamos haber tomado.

Si quieres hacer algo: hazlo. No preguntes. No dudes. No te rindas sin empezar. Anda, lucha y pide ayuda si lo necesitas. Es la única forma de llegar a donde queremos. Nadie andará por ti. Sólo tú puedes lograr tus sueños.

domingo, 9 de octubre de 2016

¿CÓMO ES TU MONSTRUO?

Todos tenemos monstruos. Uno, dos, tres... o miles. Pero todos tenemos, al menos, uno. Se podría pensar que nacemos con uno debajo del brazo. Pero ¿todos los monstruos son malos? Según alguna películas, no. La sociedad nos dice que sí. Hemos crecido con la idea de que los monstruos son malos y que tenemos que luchar contra ellos. Afortunadamente, la sociedad cambia. Ahora, los niños pueden tener una idea distinta de ellos...

Los monstruos son muy distintos los unos de los otros. Cada monstruo depende de su humano, de cómo nosotros lo veamos. Podemos tener monstruos que nos atemorizan y nos dicen que hacemos las cosas mal, que no valemos, que se van a reir de nosotros, que no vamos a lograr nuestras metas, o que nos recuerdan nuestros peores momentos vividos, monstruos que nos hacen desconfiar de los demás o del futuro... Los mosntruos no nos dejan ser felices. Pero, ocurre una cosa: cuanta más atención les prestemos, más grandes nos parecerán, más grandes serán sus colmillos, más nos gritarán... en definitiva: más daño nos harán. Cuanto más pensemos en ellos, cuanto más luchemos contra ellos, más fuertes se harán, seguirán ahí, y más agresivos serán... Dos no pelean, si uno no quiere, ¿verdad?

Quizá, si los dejamos existir, si aceptamos que estan ahí, y no luchamos contra ellos, se aburran de gritarnos, bajen su voz y se vuelvan chiquititos.

Si les oímos pero no nos creemos lo que dicen, sus palabras no nos harán daño, y podremos darnos cuenta de algunas cosas: lo que es importante para nosotros y cuáles son nuestros miedos. Si hacemos esto, quizá podamos sacar algo positivo: el que nuestros monstruos nos ayuden a enfocar nuestra vida a las cosas importantes, que nos hagan reflexionar y cambiar nuestras actitudes y comportamientos... y podamos acerarnos a aquello que nos hace tener una vida plena.

Miremos a nuestros monstruos a los ojos. Seamos conscientes de que allí están y de que no se van a ir. Veremos que no son tan horribles como creíamos. Veremos que sus palabras son sólo aire que sale de su boca con la intención de engañarnos. Sus palabras son mentiras. Escuchemos sin creerlo. Pensemos, reflexionemos y busquemos crecer en la vida. Solo haciendo frente al miedo podemos superarlo.

Aceptemos lo que no podamos cambiar y luchemos por aquello que esté a nuestro alcance.

Los monstruos pueden ser malos, pero más malos serán cuanto peor sea nuestra mirada hacia ellos. Tengamos en cuenta que podemos aprender de ellos. Veamos su "lado bueno" y aprovechémoslo. Estarán ahí de todas formas...